En una de las primeras sesiones de la restaurada Asamblea de Stormont, el 22 de mayo de 2006, el Sinn Féin, en su papel de principal partido defensor del Acuerdo de Viernes Santo, movió ficha, proponiendo al líder del DUP Ian Paisley como Ministro Principal de Irlanda del Norte y a Martin McGuinness, jefe negociador del Sinn Féin, como Viceministro Principal. Ese es el reparto de poder que prefija el Acuerdo de Viernes Santo: preside el líder de la fuerza más votada en Irlanda del Norte, correspondiendo la vicepresidencia al número 2 de la fuerza más votada en la otra comunidad. Así de simple… y de complejo. Deben gobernar juntos el unionista más recalcitrante y el antiguo dirigente del IRA, dos enemigos que deben comprometerse a convivir y cooperar. Esta sí que será la foto del final de una guerra.
Pero todavía no lo es. Paisley ha rechazado la propuesta, escudándose en que continúa dudando del compromiso exclusivamente político y pacífico de los republicanos (del “IRA/SF”, como él dice), y ha pospuesto cualquier decisión a una consulta a su afiliación a celebrar en otoño. Pero, si no quiere que Dublín comience a cogobernar el Ulster y si quiere que se restaure plenamente la autonomía, Paisley deberá sentarse a hablar con Gerry Adams. No hay otra salida. El bloqueo permanente ya no es una opción. Por otra parte, si el SF quiere participar en el gobierno, tendrá que aceptar que haya un servicio de policía norirlandés, con todas las garantías que se quiera de composición no sectaria, pero deberá aceptarlo, poniendo fin a la política de deslegitimación de los cuerpos policiales en los barrios nacionalistas. Ambas partes deben hacer renuncias.
De hecho, tanto los informes de la Comisión Independiente Internacional de Decomiso (IICD), que verificó en septiembre de 2005 la completa destrucción del arsenal del IRA, como los de la Comisión Independiente de Control o Monitorización (IMC), que acaban de confirmar que el IRA ha cumplido con sus compromisos con el proceso de paz, deberían ser suficientes para convencer al DUP de que los republicanos han hecho los deberes (“han hecho lo que se les había pedido”, en palabras recientes de Tony Blair).
Especialmente el último informe del IMC se considera que ha dejado sin oxígeno a Paisley, que venía justificando su intransigencia precisamente en las dudas que apuntaban los anteriores informes de este organismo sobre el final de la actividad tanto militar como delictiva del IRA. Sin embargo, el hecho de que esta Comisión, que no forma parte del Acuerdo de Viernes Santo, que fue creada por exigencia unionista y que no es aceptada por el Sinn Féin por su composición “notoriamente antirrepublicana” (en alusión a la presencia de un ex responsable de la policía antiterrorista británica y de un miembro protestante de la Cámara de los Lores, del Partido de la Alianza), reconozca el desmantelamiento de la estructura militar del IRA y su opción exclusivamente política y democrática ha dejado al DUP sin argumentos. Estas conclusiones de un órgano en el que tanto venían confiando los unionistas deberían ser decisivas para desbloquear por fin el proceso de paz. ¿Qué excusa buscarán ahora?
Para contribuir a la búsqueda de los acuerdos entre los diversos partidos, Londres y Dublín han convocado a los líderes de las fuerzas políticas norirlandesas esta misma semana, los próximos días 11, 12 y 13 de octubre, en Saint Andrews (Escocia). ¿Habrá, por fin, fumata bianca?