Peadar O'Donnell (Republican Congress)Eran años de postguerra y de gran depresión. En 1932 va a alcanzar el poder por fin el nacionalismo radical de Éamon de Valera, al frente del Fianna Fáil, a pesar de haber asustado a los sectores más conservadores de la sociedad irlandesa. Paradójicamente, a pesar de tratarse de un personaje moderado y muy católico, se le consideraba un “¡comunista!” debido a su vehemencia durante la guerra civil. Va a disponer de medio siglo al frente de un gobierno conservador y ultracatólico para borrar esa falsa imagen revolucionaria.

Ciertamente había izquierdistas en el IRA que combatió a las órdenes de De Valera en la guerra civil (como retrata Ken Loach en ‘El viento que agita la cebada’), pero no eran la mayoría. Precisamente la lucha por la independencia irlandesa retrasó el proceso de articulación política de los partidos socialista y comunista que ya se había producido en toda Europa con bastante antelación. Tras la derrota en la guerra civil y la escisión del Fianna Fáil, se va a organizar en el IRA, en torno a Peadar O’Donnell, Frank Ryan y Kit Conway, entre otros, una corriente socialista que en 1934 formará el Congreso Republicano (Republican Congress). Seguidores del ideario del sindicalista James Connolly, héroe del Levantamiento de Pascua de 1916, los promotores del Republican Congress entendían que la unificación nacional no era suficiente si no iba acompañada de una revolución social.

El nuevo enemigo que los republicanos de izquierda debían combatir era el fascismo, que empezaba a organizarse en Irlanda a partir de los ‘camisas azules’ (Blueshirts), la milicia del Fine Gael –entonces en la oposición- organizada por el general O’Duffy, que aspiraba a imponer un sistema corporativo-fascista en Irlanda. La violencia en las calles entre socialistas y fascistas irlandeses empezó a ser habitual y llegará a trasladarse a tierra extranjera: su lucha culminará precisamente durante la guerra civil española (que abordaremos otro día con más detenimiento).

Así, en los años ‘30, el Sinn Féin, diezmado tras la marcha de los nacionalistas de Éamon de Valera por un lado y de los socialistas de Peadar O’Donnell por otro, parece condenado a la extinción. Ha quedado reducido a una secta purista de ideólogos envejecidos, enfrentados entre sí. Su dogmatismo y rigidez les van a impedir abordar cambios para adaptarse a la nueva realidad marcada por la partición. Van a negar el presente que les ha tocado vivir. Se diría que el reloj se les había parado en 1922.

Incluso van a rechazar la nueva Constitución de Éire impulsada en 1937 por el Gobierno de De Valera por no ser expresamente republicana. Por primera vez, el SF se va a enfrentar no a los británicos o al gobierno unionista del Ulster, sino al primer gobierno irlandés electo de su historia. Pero, a pesar de considerarlo como un gobierno títere impuesto por Londres, cada vez les va a resultar más difícil argumentar que el Estado Libre no era independiente.

(Continuará).