Bob Doyle

Tras la muerte el año pasado de Michael O’Riordan, es Bob Doyle, de 92 años, el último superviviente de los voluntarios irlandeses que participaron con las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española. El 70º aniversario del inicio de la guerra ha devuelto el protagonismo a quienes dedicaron su juventud a luchar contra el fascismo y por la libertad. En 2002 el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid (en la Comunidad de Madrid, España) publicó sus memorias en español: ‘Bob Doyle. Memorias de un rebelde sin pausa’. El año pasado vio la luz la versión en inglés: ‘Brigadista. An Irishman’s Fight Against Fascism’. En los últimos años Doyle está participando en diversos actos de homenaje tanto en Irlanda como en España. Su mensaje principal es el siguiente:

“¿Sacrificaron en vano sus vidas mis camaradas?” La respuesta dependerá de Uds. Tomen la lucha y únanse en la larga batalla por la más noble de las causas: la liberación de la humanidad. Entonces, el sacrificio de mis camaradas no habrá sido en vano; habrá sido una fuente de aliento. LA LUCHA CONTINÚA.

(Extracto del discurso de Bob Doyle en el Jarama el 16 de febrero de 2007).
(Puedes leer el discurso íntegro en la web del Foro por la Memoria).

Portada del libro de memorias de Bob DoyleEl libro de Bob Doyle narra en primera persona la historia de un joven dublinés que toma conciencia de las luchas sociales de su tiempo, que abraza las ideas socialistas y comunistas y que acude a España a detener el fascismo. Allí verá morir a sus amigos, será detenido y expulsado, pero siempre llevará esa tierra en su corazón. De hecho, se casará con Lola, una inmigrante española en Londres, se alistará en la Marina británica durante la II Guerra Mundial, será después sindicalista de artes gráficas… y ahora cuenta su dilatada vida de lucha en documentales de la BBC y en libros como éste. Mientras, se ha convertido en un manifestante habitual en todas las movilizaciones populares contra la guerra y por la paz que se han sucedido en las últimas décadas.

Bob vivió la guerra civil precisamente en paisajes de Aragón, mi país, que se había convertido en un frente atroz entre los dos bandos durante los tres años de guerra. Doyle, junto a la XV Brigada, participó en la segunda batalla de Belchite, de donde nos cuenta que “fue un milagro salir ileso”. Se replegaron después hacia el Bajo Aragón y cita las localidades de Vinaceite, Híjar, Alcañiz y Caspe. Describe con gran sentido del humor la anécdota en la que recuperan un tanque republicano abandonado y deciden volver con él a Híjar. Este contraataque duró poco. El 30 de marzo de 1938 los brigadistas, incluidos Frank Ryan y el propio Doyle, caen en una emboscada de las tropas italianas en Calaceite. Son conducidos a Alcañiz donde permanecen encerrados en una iglesia vacía hasta que se les traslada al Cuartel Palafox de Zaragoza. Van a entrar en formación entonando ‘Rebel song’. Luego les va a esperar un largo encierro de once meses en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos), hasta que, en febrero de 1939, Doyle y sus compañeros van a ser intercambiados por presos italianos, a razón de dos por cada cinco. Paradójicamente (o cínicamente, mejor dicho), los voluntarios irlandeses fueron acusados de traicionar el Tratado de no intervención, mientras los ejércitos de la Italia fascista y de la Alemania nazi campaban a sus anchas apoyando a Franco.

Décadas después, quienes perdieron la guerra la ganaron. En 1991 se erigió en Dublín un monumento Memorial a la Columna Connolly donde están grabados en una placa de bronce los sesenta nombres de los brigadistas irlandeses muertos en la guerra de España. En España se han sucedido diversos homenajes, erigiendo monumentos conmemorativos en los lugares emblemáticos de su lucha por la libertad. Pero quizá el mejor homenaje fue cumplir la promesa que había realizado Juan Negrín, Presidente del Gobierno de la II República 58 años antes: cuando se conmemoraba el 60º aniversario del inicio de la guerra civil, el Parlamento español en 1996 aprobó por Ley entregar la nacionalidad española a los miembros de las Brigadas Internacionales. Era una forma de decirles simplemente “muchas gracias” (‘Go raibh maith agat’).