Mucho se ha escrito sobre el peso de la comunidad irlandesoamericana en la política de los Estados Unidos. Dieciséis Presidentes han tenido origen irlandés en mayor o menor medida (o diecisiete, si contamos al único presidente de los Estados Confederados, Jefferson Davis). La lista de inquilinos más o menos gaélicos en la Casa Blanca va desde Andrew Jackson en la década de 1830, cuyos padres habían nacido en Irlanda, hasta Ronald Reagan, Bill Clinton y los Bush en los últimos 25 años, con raíces irlandesas más remotas, pero por encima de todos ellos destaca John Fitzgerald Kennedy (1961-63), por su carisma, reforzado con su prematura muerte trágica, y por tratarse del único Presidente católico de los Estados Unidos. Sin duda el voto de los 36 millones de irlandeses americanos, que supone el 12% de la población de EE.UU., puede ser decisivo en muchos estados.

Por eso, mientras especialistas en genealogía han rastreado buscando sangre celta entre los Presidentes, los asesores electorales se dedican a perseguir la complicidad del electorado con árboles de familia aunque apenas aporten reducidísimos porcentajes de irlandesidad. Alguna vez el cine se ha reído de esta cuestión, como en la comedia romántica ‘The Machtmaker’ (que en España, en vez de traducir por ‘el casamentero’, se tituló: ‘Te odio, mi amor’), de Mark Joffe (1997), en la que una asesora del equipo de campaña de un senador norteamericano de presunto origen irlandés, candidato a la reelección, es enviada a Irlanda para buscarle antepasados a su jefe, ya que necesita atraerse los votos de esta comunidad, decisiva en su estado, para intentar corregir los malos resultados que le pronostican las encuestas.

Barack ObamaPues esto viene a cuento porque, en plena precampaña electoral norteamericana, en el fragor de las primarias del Partido Demócrata, nos acabamos de enterar de que el senador por Illinois Barack Obama no sólo podría ser el primer Presidente negro, sino también el décimoséptimo Presidente irlandés. Y es que… ¡¡Obama es irlandés!!

A estas alturas todo el mundo ya sabía que el padre de Obama nació en Kenya y que, por tanto, el principal rival de Hillary Clinton por la candidatura demócrata no es descendiente de esclavos y que su afroamericanidad es de primera generación. Pero quizá se ignore que su madre, de Kansas, desciende de irlandeses. El tatarabuelo de su madre, Falmouth Kearney, abandonó la isla esmeralda en 1850 huyendo de la Gran Hambruna que sacrificó un millón de vidas ante la cruel indiferencia de la Corona inglesa. Kearney se instaló en Ohio y tuvo ocho hijos, uno de los cuales es el tatarabuelo materno de Barack Obama.

El genealogista Simon Harper, director de la web Ancestry.co.uk, especializada en buscar orígenes irlandeses, ha declarado: “Hasta ahora se ha atribuido gran importancia a las raíces africanas de Obama, pero las irlandesas son igual de importantes”.

Ciertamente, hay voces entre la comunidad afroamericana que consideran a Obama “poco negro”, mientras que en la América profunda ven impensable que pueda instalarse un negro en la Casa Blanca. Quizá el voto irlandés pueda echarle una mano en eso, aunque tal vez deba reescribir su nombre: hablemos a partir de ahora de Bárac O’Bama.