Homenaje a los héroes del Levantamiento de Pascua de 1916

Fracasado el Levantamiento de Pascua de 1916, los siete firmantes de la Proclamación de la República Irlandesa fueron fusilados, junto a otros responsables de la rebelión, entre el 3 y el 12 de mayo, en la prisión dublinesa de Kilmainham. A las tres y media de la madrugada del 3 de mayo, fueron ejecutados Patrick Pearse, Thomas Clarke y Thomas MacDonagh. Al día siguiente fusilaron a Joe Plunkett y, junto a él, a Willie Pearse, Ned Daly y Michael O’Hanrahan. El día 5 ejecutaron a John MacBride. El día 8 llegó la hora de Eamonn Ceannt, Con Colbert, Michael Mallin y Sean Heuston. Al día siguiente Thomas Kent fue ejecutado en la prisión de Cork. El día 12, cerrando esta trágica lista, en Kilmainham fusilaron a Sean Mac Diarmada y a James Connolly, que tuvo que ser atado a una silla, pues, herido de gravedad, no podía mantenerse en pie. En aquellos días dramáticos, Plunkett y MacBride habían contraído matrimonio en prisión antes de morir, con Grace Gifford y Maud Gonne respectivamente. A pesar de que la rebelión frustrada no había llegado a conectar en aquel momento con la mayoría del país, la brutalidad de las ejecuciones sí que conmovió al pueblo irlandés, que pasó a asumir la lucha republicana, tal como quedó patente en las elecciones generales de diciembre de 1918 (donde el Sinn Féin cosechó el 70% de los votos en Irlanda) y en la posterior guerra por la independencia.

Hoy sus nombres se recuerdan, se honran en monumentos, en placas de calles, en nombres de estaciones… Como homenaje a ellos, escuchemos ‘The wind that shakes the barley’ (recordemos en otro post la historia de esta balada rebelde y la letra -en inglés- de Robert Dwyer Joyce).

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‘The wind that shakes the barley’ (’El viento que agita la cebada’)

[Traducción encontrada en el blog de Myriam]

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Me senté en un verde valle con mi amor verdadero
y mi amante corazón luchaba por elegir entre el antiguo amor y el nuevo.
El antiguo era por ella, el nuevo me hizo pensar en mi amada Irlanda,
mientras, suave, el viento sopló a través del claro,
y estremeció la dorada cebada.

Fue difícil formular las tristes palabras
para romper los vínculos que nos unían.
Pero más difícil era soportar la vergüenza
de las cadenas extranjeras a nuestro alrededor.
Por eso dije: “Mañana temprano buscaré la hondonada de la montaña,
y me alistaré al grupo de valientes hombres,
mientras el viento sople suave valle abajo,
y agite la dorada cebada”.

Fue triste, cuando besé sus lágrimas,
sus brazos aferrándose me rodearon
cuando a mis oídos llegó zumbando el funesto disparo desde el bosque.
La bala atravesó el pecho de mi amada.
En la juventud de la vida truncada tan pronto,
y ahí abrazada sobre mi pecho murió,
mientras un viento suave remecía la cebada.

La llevé a un arroyo de la montaña
surcado de bellas flores de verano,
la dejé entre suaves y verdes ramas
alrededor de su pecho manchado de sangre.
Lloré y besé su cuerpo frío como el mármol
Luego corrí hacia el valle a descargar mi venganza contra el enemigo,
mientras, suave, el viento agitaba la cebada.

Fue sangre por sangre, sin remordimiento.
La llevé a Ourlat Hollow y deposité el cuerpo frío de mi verdadero amor,
donde mi cuerpo pronto la seguiría.
Alrededor de su tumba vuelvo abrumado y perdido,
al mediodía, en la noche y al amanecer
con el corazón roto siempre que escucho el viento que agita la cebada.