Buscando los orígenes de un conflicto heredado

Mural sobre los lderes de la rebelión de Pascua de 1916, pintado pro presos republicanos en la prisión de Long KeshEn pocos lugares como en Irlanda resulta tan evidente que los conflictos de hoy hunden sus raíces en acontecimientos históricos de un siglo o varios siglos atrás. El reciente proceso de paz en Irlanda del Norte, que cristalizó en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 y que ha dado lugar al abandono de la violencia del Ejército Republicano Irlandés (Irish Republican Army, IRA), desarmado definitivamente en 2005, ha llevado a la primera plana de la prensa internacional un conflicto que viene de muy lejos. Para acercarnos, aunque sea someramente, a la actualidad irlandesa resulta inevitable remontarnos a protagonistas y sucesos de hace al menos cien años.

Ya hemos dicho anteriormente que la República actual tiene su embrión en la sublevación de Pascua de 1916. Es más, las organizaciones políticas y paramilitares que han protagonizado y protagonizan aún los acontecimientos más recientes de la historia de Irlanda del Norte nacieron precisamente en los albores del siglo XX: tanto el Sinn Féin (de ideología nacionalista irlandesa y republicana) como el Partido Unionista del Ulster (UUP, de ideología conservadora y probritánica) se fundaron en 1905 (el año pasado ambos partidos, viejos antagonistas, cumplieron pues cien años), mientras que las milicias Fuerzas de Voluntarios del Ulster (UVF, el principal grupo armado lealista de la actualidad, esto es, unionista o protestante) y los Voluntarios Irlandeses (Óglaigh na hÉireann, conocido posteriormente como el IRA) datan de 1913 y 1914 respectivamente.

Los mismos actores, al cabo de un siglo, continúan representando la misma tragedia irlandesa. Las causas que originaron en la década de 1970 el resurgir del IRA en el Ulster están enraizadas en la partición de la isla que fue establecida medio siglo antes. Los partidos unionistas y los grupos paramilitares lealistas (todos ellos de religión protestante) persiguen conservar la provincia británica creada con los Seis Condados del Norte, que han gobernado de forma hegemónica. Por su parte, las distintas organizaciones nacionalistas y republicanas han venido denunciando la discriminación sufrida por la población de religión católica por parte del poder unionista en el Ulster y su lucha pretende el final del dominio británico y el restablecimiento de la unidad irlandesa.

Es decir, hoy en Irlanda del Norte se lucha para mantener o para derogar la Partición que permitió en 1922 poner fin a la guerra de la Independencia y emprender, como se señalaba en un post anterior, el camino del Estado Libre que conduciría a la plena soberanía irlandesa sólo en 1948, aunque limitada a 26 de los 32 condados que componen históricamente la isla.

Asistimos pues a un conflicto heredado, en el que una generación irlandesa intenta completar un proceso de descolonización que sus propios abuelos dejaron a medias.

Sin embargo, el origen del conflicto no tiene sólo cien años. La Orden de Orange se fundó en 1795. Esta influyente organización político-religiosa (protestante, por supuesto), que nutre en la actualidad a los partidos unionistas más extremistas, convoca desfiles anualmente en conmemoración de la batalla del Boyne, en la que, el 12 de julio de 1690, Guillermo de Orange, el rey protestante que ya había arrebatado el trono inglés unos años antes al monarca católico Jacobo II, le derrota finalmente en suelo irlandés. Estas marchas conmemorativas suponen uno de los mayores obstáculos que debe sortear cada verano el proceso de paz en Irlanda del Norte, ya que, al pretender atravesar los barrios de mayoría católica, provocan la resistencia e incluso la ira de los vecinos, que se niegan a permitir lo que consideran una provocación y un intento de humillación.

Resulta imposible explicarlo todo en tan pocas líneas, pero poco a poco iremos desgranando más detalles de este proceso histórico.

Hemos retrocedido a 1922, 1795, 1690… Quizá debamos retroceder aún más, hasta 1169, fecha del desembarco de los anglonormandos, encabezados por Strongbow, en la isla de Irlanda. Vinieron para quedarse. Y no fue por el clima.

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