Una historia irlandesa de Antón Castro

Antón Castro

Dicen que los lazos entre Irlanda y Galicia vienen de lejos. Dos países celtas hermanados desde tiempos legendarios. Dicen que desde cuando uno de los hijos de Breogán partió hacia la isla verde al norte de Artabria. Quizá por eso a los gallegos les tire tanto Irlanda. Me cuentan que Álvaro Cunqueiro escribió mucho sobre ese hermoso país sin haberlo visitado nunca.


Estos días estoy disfrutando con la lectura de ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006), la última obra de Antón Castro, escritor gallego (de Arteixo) afincado en Aragón (y bloggero también, por cierto, entre otras muchas cosas). Es un libro sobre el arte de contar historias y el arte de oír historias. Y descubro con agrado que, en esta colección de relatos, entre barcos fantasmas, pescadores de ballenas e islas imaginadas, hay historias que me llevan volando a Irlanda. Historias irlandesas soñadas por un gallego o tal vez historias gallegas vestidas de irlandés. Para abrir el apetito, me quedo con ‘El jardín después de la lluvia’, precioso relato de un Portada de 'Golpes de mar'regreso a casa, un retorno desde Galway a Baladouro, convertido en historia de amor prohibido, jugando como telón de fondo con una historia tradicional irlandesa, como un relato dentro del relato.

Creo no destripar la trama de ‘El jardín…’ si reproduzco aquí la historia irlandesa, presentada como tradicional que ha traducido el protagonista Alexandre, aunque la autoría sea del propio Antón Castro.

[Más información en el blog de ‘Golpes de mar’].

EL ENTIERRO DE KAREN O’LEARY

La familia O’Leary era muy famosa en Irlanda. Poseía tierras con vegas y pastos, además de varias residencias palaciegas y castillos con servidumbre. El propio patriarca O’Leary, enjuto, bebedor y bastante mujeriego -seguía ejerciendo el derecho de pernada después de los ochenta años-, pasaba gran parte de su tiempo en el enorme pazo a la orilla del mar. Allí contaba con hermosos jardines, un bosque cerrado para la caza de corzos y jabalíes, huertas de fruta en abundancia. Cerca de la rompiente, había un enorme panteón a modo de cementerio marino, todo de mármol, donde habían sido enterrados todos los antepasados y los demás miembros de la familia hasta que el oleaje enfurecido de galerna lo sumergió por entero, ganando el océano así aquella porción de la costa. Algunos marineros sostenían que cuando el mar estaba en calma, se veían las torres, las estatuas y los nichos del panteón bajo las aguas.

Cuando falleció su nieta Karen, tras una corta enfermedad de signo equívoco, el dolor sacudió el pazo. El anciano maldijo con rabia en repetidas veces la muerte. No en vano, su nieta, que había sido educada en Londres y dominaba a la perfección varias disciplinas artísticas, era pretendida por príncipes e importantes señores. O’Leary, que quería con locura a la joven, se sintió lastimado en su corazón. Decidió ocultar durante algún tiempo su fallecimiento y enterrarla al atardecer en la pequeña capilla. En un acto de generosidad impropio de su carácter, un tanto desabrido, le mandó aviso al príncipe de Gales, que quería hacer princesa a la difunta, por si quería compartir con los O’Leary sus últimas horas en este mundo.
Los carpinteros prepararon un féretro muy bonito, labrado en nogal y boj, y lo decoraron con figuras de oro y plata. El propio O’Leary le colocó el emblema de la familia, el nombre de la muerta y la fecha de su expiración, y bendijo el cadáver en medio de la capilla. El príncipe, arrodillado, declaró que jamás sabría amar a otra mujer y afirmó que su existencia ya no merecía la pena. El viejo O’Leary, por su parte, dijo que por primera vez se sentía huérfano y que acababa de perder a la compañera más amada, a la dulce prenda de su vejez que lo acompañaba por la costa y por el jardín.
Concluido el funeral, dos hombres fuertes subieron el féretro a un carro arrastrado por caballos y se sentaron a las riendas. El viejo O’Leary también subió y les pidió a todos que se retiraran a las diversas estancias a continuar un llanto que imaginaba prolongado, casi interminable. Enfilaron por un angosto sendero que se acababa en el mar; durante el trayecto, el patriarca recordó felices tardes en el jardín cuando Karen le confiaba secretos de su corazón enamorado, mientras caminaban entre setos y tilos. Recordó su hermosura, sus largas manos, su voz de manteca dulce que le describía las calles de Londres, multitud de tardes ociosas en las lanchas del río y paseos a caballo por la campiña.El mar se había serenado y una luna otoñal se desperezaba en las olas. Los dos hombres, por orden del anciano, dejaron el féretro al pie de la costa y tomaron el camino de vuelta a pie. O’Leary se acomodó sobre una piedra, alzó el embozo hasta los ojos y siguió el curso de la marea. Cabeceó varias veces ajeno al movimiento del mar: Cuando, ya de madrugada, miró el lugar de la costa donde habían dejado la caja de Karen, y no vio nada, se aupó en el acantilado y dijo:-Ojalá llegues pronto al panteón de los O’Leary, amada Karen..

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17 respuestas a Una historia irlandesa de Antón Castro

  1. MURRON dijo:

    Yo jamás he estado en Irlanda pero me muero por ese país. Sueño con él, respiro con su música. Devoro fotografías de sus montañas, de sus valles, de sus acantilados, de sus gentes, de su mar y su cielo, de su lluvia. No he estado allí y es como si hubiese vivido toda la vida en sus tierras. Mi hija se llama Irlanda, no podría llamarse de otra manera. Este blog es como una ventana a ese lugar. Ojalá pudiese irme para siempre y vivir en uno de sus pueblecitos. Sería la mujer más feliz del mundo. Me encanta este blog. Muchas felicidades

  2. María dijo:

    Tomo nota, siempre que recomiendas algo lo busco y además, si es de un medio paisano, aún más. Tienes razón, hay un lazo invisible entre gallegos e irlandeses.
    ¿Será que somos encantadores?
    Un abrazo

  3. Luisa dijo:

    Es un libro creo que bastante especial éste. La riqueza de las historias y tradiciones, junto a la osadía de la imaginación, se aprecian más conforme una recuerda la lectura. Y éso que cuando lo leí ya me gustó mucho.

    Saludillos.

  4. Gracias por acercarte a nuestro país una vez más! Es cierto, lo de la obsesión por lo irlandés nos viene de lejos, y Cunqueiro es sólo una muestra (aunque a él le tiraba algo más Bretaña, tan parecida a su tierra de Mondoñedo, y que jamás visitó tampoco).
    Un saludo

  5. VIR dijo:

    Hola!!!
    una historia llena de Irlanda por los cuatro costados y de ese Romanticismo decimononico que tanto me gusta, te propongo un reto.
    ¿Qué te parece si nos traes a todos los enamorados de Irlanda y apasionados por la lectura una selección de las mejores novelas de escritores irlandese y que hablen sobre Irlanda?
    Sería una delicia construir una biblioteca llena de retazos de nuesta tierra soñada ¿no crees?

  6. jio dijo:

    todavía sin leer los golpes de antón castro… y vale, es verano y la mar refresca… pero tengo lecturas acumuladas. irlanda me lo han recomendado de similar manera. el resto se queda para o´really mirando el devenir de la marea.
    🙂

  7. El blog Innisfree comenta el último libro del escritor gallego afincado en Aragón Antón Castro, “Golpes de mar” (Ediciones Destino, 2006), y reproduce una historia de inspiración irlandesa que el autor introduce dentro de uno de sus relatos: “El entierro de Karen O’Leary”.

  8. Emmaskarada dijo:

    Vivo en Irlanda. En Ennis. Y te puedo asegurar que esta llena de magia.
    Me gustaria saber en relacion a este libro si son historias tradicionales adaptadas o si son cuentos originales reversionados por el autor. Gracias.

  9. Emmaskarada dijo:

    Este es uno de el puñado de cuentos que he escrito inspirada por el espiritu del condado de Clare, donde vivo desde hace dos años.

    http://emmaskarada.blogspot.com/2006/08/la-bruja.html

    A veces me siento sola, pero como compensacion a veces tambien me llegan estos cuentos volando a traves del viento.

    Me haria mucha ilusion que me dijeras con sinceridad que te parece.

    Un cordial saludo

    Emma

  10. Emma, ¡qué envidia vivir en Irlanda! Muy bueno tu cuento y muy interesante tu blog. Creo que voy a visitarte a menudo.
    Con respecto a las historias de ‘Golpes de mar’, son fruto de la imaginación de Antón Castro (historias gallegas en su mayoría y algunas de inspiración irlandesa, realmente deliciosas).
    Una que se titula ‘Tirnagoescha’ te encantará. (Y a VIR también). Os la recomiendo.

  11. Jio, no tengas morro y léete ‘Golpes de mar’ este mismo verano… aunque tengas que hacer horas extras. Hay historias de la literatura dentro de la literatura, como la del hermano inventado, que yo creo que te encantará.
    Por cierto, a ver si nos presenta alguien en el próximo bloggellón, que al final no te llegué a conocer.
    Salud.

  12. Ulmo, ¿cómo vamos a olvidarnos de Galiza? En Innisfree disfrutamos de muchos amigos irlandesistas gallegos. Y tú el primero, por cierto. Magnífico relato el tuyo (‘O invierno nas abadías’). Ya hablaremos para ver si lo he entendido todo más o menos bien. Me encanta cómo mezclas los siglos heroicos y el presente.
    Slán go fóill!

  13. Cuando quieras! Muitas grazas!

  14. Aguaruna dijo:

    Se ha hablado de Cunqueiro. Realmente ha sido mi descubrimiento de este verano, “Las crónicas de sochantre”…realmente una obra maestra de lo celta, del culto a los muertos, de los entrelazados e historias mínimas tipicamente celtas…

  15. Aguaruna dijo:

    Aquí he puesto dos de las, para mi, mejores pequeñas historias de Cunqueiro.

    http://ateneodealgeciras.blogspot.com/2007/08/un-viaje-galicia-con-lvaro-cunqueiro.html

  16. licy dijo:

    muy bueno ,
    muy dulce y calida la historia,
    creo que debemos leer mucho mas sobre estos
    temas maravillosos
    mil gracias
    licy

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