«No permitiremos una vuelta atrás»

Los graves incidentes de la semana pasada en el Norte de Irlanda han motivado algunos reportajes en la prensa que nos resultan de interés. Hoy reproducimos el que firma Ainhoa Paredes en el periódico vasco Deia.

«No permitiremos una vuelta atrás»

La comunidad católica norirlandesa se levanta contra los disidentes que continúan con la violencia

Ainhoa Paredes (Deia, domingo, 18 de Julio de 2010)

Las imágenes de coches ardiendo, jóvenes encapuchados lanzando botellas, ladrillos y cócteles molotov contra la Policía con una ferocidad que los norirlandeses creían que no iban a volver a ver el resto de sus vidas, dieron esta semana la vuelta al mundo. El escenario era Ardoyne, en el norte de Belfast, un barrio mayoritariamente católico que, tras cuatro días de enfrentamientos, parecía una zona de guerra. La espiral de violencia, que comenzó la víspera del controvertido desfile del 12 de julio de la Orden de Orange, la organización de fraternidad protestante, que cruza todos los años ese barrio, no cesó hasta que centenares de residentes decidieron el jueves salir a la calle para protestar contra los disturbios. «Aunque los motines no son sostenibles durante mucho tiempo, fue clave que los vecinos ocupasen el espacio que habían robado esos jóvenes», comentó a DEIA el catedrático de Antropología Social y director de Estudios Irlandeses de la Queen»s University de Belfast, Dominic Bryan. Las imágenes eran tan llamativas y cadenas británicas como Sky o la BBC las emitieron tantas veces que podía dar la sensación de que ardía toda la capital de Irlanda del Norte.

Sin embargo, la mayoría de norirlandeses -de Belfast a Derry, de Armagh a Newry- lo vivió sólo a través de sus televisores. Aún así, no pudieron evitar rememorar pesadillas que pensaban que jamás volverían a tener y preguntarse si esas escenas tan violentas se van a repetir. El portavoz del Sinn Féin, el brazo político del IRA (Ejército Republicano Irlandés), David Kennedy, en declaraciones a DEIA, aseguró que esos disturbios, que todos coinciden fueron orquestados por disidentes republicanos, «tendrán muy poco efecto sobre el proceso de paz, que no lograrán descarrilar como pretenden».

En Ardoyne, uno de los barrios más conflictivos del norte irlandés, murió una quinta parte de las víctimas de The Troubles (1968-1998: los años más duros del conflicto). Esos tiempos quedaron atrás, ya no hay muertos en sus calles, pero sus vidas no han mejorado desde el punto de vista económico y es un ejemplo de lo que en el Reino Unido llaman broken Britain, con un historial de fracaso social y familiar por encima de la media y un índice de suicidios entre jóvenes que hace unos años llegó a ser muy preocupante. Precisamente, la mayoría de los que protagonizaron las algaradas de esta semana eran adolescentes, algunos incluso niños de 8, 9 y 10 años, que buscaban poner un poco de emoción a sus aburridas vidas. «Es inaceptable que los disidentes usasen a niños para sus propósitos», criticó el representante del Sinn Féin. Además, según The Economist, «los grupos de disidentes, que son pequeños pero mortales, esperan que algunos de los adolescentes opten por el salto tradicional de los disturbios recreativos al terrorismo en toda regla».

Kennedy quiso dejar claro que no todos los jóvenes de Ardoyne estuvieron involucrados y que algunos disidentes llegaron de fuera. «A sus vecinos les ha tocado recoger los platos rotos», dijo con enfado. Aunque el verano pasado ese barrio fue también escenario de protestas, lo que le llamó especialmente la atención a Dominic Bryan esta vez es que «se disparasen armas contra los policías, algo que ya no es habitual» y a lo que los agentes respondieron con pelotas de goma y agua a presión. Para este catedrático, experto en resolución de conflictos, lo que ha pasado es «serio, pero no hemos retrocedido a 1969. La diferencia es que incluso el Sinn Féin, que hasta que no se traspasaron las competencias de Interior hace unos meses desconfiaba de la Policía por considerarla como una de las caras de la ocupación británica, ha respaldado bastante su actuación durante los disturbios». Hasta hace poco hubiera resultado impensable, por ejemplo, que los residentes de un barrio católico colaborasen con las fuerzas de seguridad, como lo hicieron esta semana, proporcionado las imágenes que grabaron con sus móviles para ayudarles en la investigación y así poder presentar cargos contra las doscientas personas que la Policía identificó durante los disturbios.

«El espacio público ha sido siempre parte del conflicto», explicó el catedrático. «El grado de las protestas de esta semana se explica porque aunque tenemos la estructura política que nos permite gobernar Irlanda del Norte, nuestra sociedad está aún profundamente dividida y no hemos podido resolver el problema de los espacios públicos». Sólo en Belfast hay todavía cuarenta muros que separan a comunidades católicas y protestantes y aunque se ha modificado la ruta de algunos desfiles, mayoritariamente lealistas, con el fin de que no pasen por zonas tradicionalmente «enemigas», no ha sido posible en todos los casos. De todas formas, Dominic Bryan expresó su convencimiento de que «los desfiles se usaron esta semana como excusa» porque en el sur de Belfast también hubo disturbios y el desfile no pasaba por un área católica.

En las algaradas de esta semana en distintos puntos del Ulster más de ochenta policías resultaron heridos. En la ciudad de Derry también se produjeron algunos disturbios, pero, para Julieann Campbell, del Centro de Apoyo a las Familias del Bloody Sunday, «es algo del pasado, es algo aislado. No vamos a volver atrás». No quiere que eso empañe el mejor mes que muchos recuerdan: y es que además de la publicación del informe sobre el Domingo Sangriento que exoneró a sus víctimas, cuyas familias recibieron la petición de «perdón» de Londres después de décadas esperando que se hiciese justicia, el pasado jueves Derry fue elegida Ciudad británica de la Cultura 2013 un título que sorprendió incluso a los propios norirlandeses, pero que supondrá no sólo la creación de más de un millar de empleos sino la inversión de millones de libras.

El Gobierno de Irlanda del Norte, cuyas riendas comparten la primera y la segunda formación política más votada -el Partido Democrático Unionista (DUP) y el Sinn Féin, respectivamente- defendieron que «no hay excusa que valga» para los disturbios. El primer y viceprimer ministro norirlandés, Peter Robinson y Martin McGuinness, hicieron una demostración de unidad asegurando que siguen «comprometidos en su lucha contra el sectarismo», pero aún está por ver cómo los sucesos de los últimos días pasan factura a un Gobierno que hace malabarismos para sortear las dificultades propias de tratarse de enemigos que hasta hace poco ni siquiera se estrechaban la mano. Precisamente para el catedrático Dominic Bryan, la solución la deben encontrar entre políticos, grupos comunitarios, trabajadores sociales y a través de la educación. Lo que ha ocurrido esta semana nos recuerda que seguimos divididos y hay depravación social. Además, hay que involucrar a los grupos disidentes, abrir espacios para dialogar con ellos» y resaltó que «no podemos negar que los disidentes tienen cierto apoyo, pero debemos reconocer que las cosas están cambiando. No estamos estancados».

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2 respuestas a «No permitiremos una vuelta atrás»

  1. Saltamontes dijo:

    Pues para mi sorpresa y tranquilidad despues de anhos sin venir por la capital en verano, esta todo demasiado tranquilo , fresquito , lluvioso y apacible
    Regards from Dublin

  2. bruno dijo:

    Sigo pensando: Ahora o nunca.

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