Irlanda, tierra de gigantes

En abril de 1782, un verdadero gigante, apareció en Londres. Se decía que Charles Byrne medía 8 pies y 4 pulgadas (2,54 metros) y era capaz de encender su pipa en las lámparas de la calle. Ahora, los hechos macabros que tuvieron lugar después de su muerte finalmente han permitido a la genética moderna ofrecer una nueva vuelta de tuerca a la historia del “gigante irlandés”, algo que podría cambiar la vida de los enfermos en la actualidad.

De las vacas de dos cabezas a los cerdos de ocho patas, la sociedad georgiana pagaba generosamente para quedarse embobada ante todo tipo de criaturas maravillosas, y también personas afectadas por enfermedades raras: mujeres barbudas, enanos y gigantes. Después de la muerte, muchos acababan ante John Hunter, anatomista y fundador de la cirugía moderna, que era un obsesivo coleccionista de curiosidades anatómicas. Es casi seguro que conoció a Byrne -quizás uno de los hombres más altos que jamás haya vivido – y decidió que tenía que tener su esqueleto.

Pero Byrne tenía otras ideas. No sólo rechazó las peticiones de Hunter sobre su cuerpo, sino que pidió ser enterrado en el mar para que fuera imposible. En 1783, Byrne murió con sólo 22 años. Y cuando sus amigos llevaron el ataúd a la costa para cumplir su última voluntad, aprovechando que se habían emborrachado todos, los hombres de Hunter robaron el cuerpo sustituyéndolo por piedras. El macabro coleccionista hirvió el cadáver durante 24 horas para obtener los huesos y el esqueleto, aunque no se atrevió a mostrarlo durante muchos años.

Hoy en día, se reconocería que el gigantismo de Byrne era causado por un tumor en la hipófisis, la glándula endocrina que segrega muchas hormonas esenciales, incluidas las de crecimiento. Se desarrolla dependiendo de la edad del paciente al inicio del tumor, ya sea gigantismo o acromegalia (por lo general se caracteriza por un crecimiento excesivo de la mandíbula, las manos y los pies), pero hay otros problemas, como el retraso en la pubertad.

Márta Korbonits, profesora de endocrinología y metabolismo en Barts y la NHS Trust de Londres, tiene un interés especial en una forma hereditaria del tumor en la pituitaria conocida por sus siglas en inglés, FIPA, y había descubierto a una familia del condado de Tyrone (Irlanda) con varios miembros afectados en su historia reciente. El hecho de que se tratara del mismo condado que Byrne le hizo preguntarse si podría haber algún tipo de vínculo, pero para eso necesitaba algo de su ADN.

En 2008, con la ayuda del Museo Hunteriano del Colegio Real de Cirujanos de Londres, donde se muestra el esqueleto de Byrne, ella pudo enviar dos de sus dientes a un laboratorio alemán, aunque sin muchas esperanzas: “El laboratorio nunca había tenido una muestra que se hubiera cocido durante 24 horas”, explica.

Mientras se esperaban los resultados, un hombre con una curiosidad especial sobre Byrne, el empresario irlandés de 58 años Brendan Holland, había empezado a trabajar con el documentalista de televisión Ronan McCloskey. Brendan, al igual que otros miembros de su familia, se había visto afectado por un tumor en la pituitaria cuando era adolescente. Se le venció, pero dejó su huella. Holland mide 2,06 m. (6 pies y 9 pulgadas), aunque todavía por debajo de Byrne (recordemos que medía 2,34 m., un pie menos). Holland y McCloskey estaban fascinados por el número de gigantes que encontraron en Tyrone, y por la forma en que se recordaba a los gigantes en el folclore irlandés no como monstruos, sino como reyes, profetas y poetas.

La ciencia ha demostrado que tanto Byrne como Holland padecen la misma mutación. “Siempre me pregunté, ‘¿Por qué yo?'”, dice Brendan. “He querido saberlo toda mi vida. Y la conexión con Byrne fue un plus.”

¿Pero Byrne fue el primero de su especie? El trabajo de modelado que el equipo de Korbonits acaba de publicar en la revista New England Journal of Medicine, demuestra que tanto Byrne como los pacientes de hoy heredaron su variante genética del mismo ancestro común y que esta mutación es de unos 1.500 años. En realidad había gigantes en Irlanda en tiempos lejanos.

Los cálculos de los científicos muestran que unas 200 o 300 personas vivas pueden estar realizando esta misma mutación hoy en día, y su trabajo permite rastrear a los portadores de este gen y tratarles antes de que crezcan y se conviertan en gigantes.

Holland siente más que simpatía por Byrne. “Era un hombre nacido en el momento equivocado”, dice. “Sabía que no estaba bien y era realmente un objeto de fascinación en un momento en que el hombre medio sólo medía 5 pies y 5 pulgadas. Yo he aprendido a vivir con eso; Byrne nunca pudo”. En cuanto a Hunter, en su prisa por hervir el cuerpo nunca vio el interior del cráneo de Byrne, donde es fácil de ver la sangría de un tumor hipofisario. Si lo hubiera hecho, la causa del gigantismo habría sido otra de sus primicias médicas.

Fuente: The Guardian.

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3 respuestas a Irlanda, tierra de gigantes

  1. Errigal dijo:

    Buena historia.
    Muchas gracias por compartirla Chesus.

  2. Eva dijo:

    A mi siempre me ha encantado la historia de Fionn Mac Cumhaill, una de las favoritas de mi marido. Me encanta oírsela contar.

  3. Extraordinaria historia Chesús, realmente eres todo un periodista nato.

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