Todos los colores de Irlanda

Suelo decir que Irlanda es una potencia literaria mundial, desproporcionada al tamaño de su población, con cuatro Premios Nobel y otras tantas figuras universales que no necesitan Nobel para serlo. Por eso me alegra encontrar este artículo de Elena Sierra en el Diario Sur, de Málaga, que aborda esta misma cuestión y nos presenta a las últimas generaciones de brillantes escritores que ha dado Irlanda. (Echo de menos a Brendan Behan, pero…).

Todos los colores de Irlanda

Elena Sierra (Diario Sur, 22/01/2011).

Cuatro premios Nobel y algún que otro gran galardón literario (Man Booker, National Book Award), aunque al lado del otro parezcan pequeños, es una cosecha nada desdeñable para un país que ahora mismo está sumido en la crisis y que, hasta que conoció las bondades del crecimiento económico, mandaba a sus hijos a buscarse las ‘alubias’ muy lejos. Nacidos bajo soberanía británica o ya con la independencia, los grandes escritores irlandeses disfrutan de ventas millonarias (en lectores y por supuesto en euros) de novelas y poemas, unas novelas y unos poemas que permanecen en el recuerdo y en las estanterías. Del rosa al negro, los escritores irlandeses desmienten en la ficción el mito de la verde Irlanda y de la nostalgia por encima de todo que nos han transmitido el cine y hasta la música. Hay mucho más entre sus páginas, todos los géneros y realidades.

La literatura irlandesa parece que no conoce las malas rachas, pues desde que en el siglo XVIII el bueno de Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) publicara ‘Los viajes de Gulliver’ hasta ahora siempre ha habido al menos un gran nombre que destacar. No es que sea mucho, pero es que ellos no son muchos. Seguramente la característica más destacable de estos escritores es que siguen estando presentes pase el tiempo que pase; basta decir que acaba de estrenarse una nueva versión cinematográfica de las aventuras de Lemuel Gulliver. A esa permanencia ayuda, por supuesto, que se trate de una literatura hecha en inglés, y pese a que ese sea sólo uno de sus dos idiomas oficiales, se han posicionado en cabeza en la creación anglosajona.

Durante el siglo XIX, nacieron otros dos autores que cualquiera conoce y por los que sus seguidores sueñan y viajan. Fueron Oscar Wilde (Dublín 1854-París, 1900) y Bram Stoker (Clontarf, 1847-Londres, 1912); dos tipos en apariencia y en obra muy distintos, pero con el mismo poder para permanecer en la memoria colectiva de medio mundo. Hubo muchos otros que eclosionaron creativamente el siglo pasado, cuando las grandes firmas se multiplicaron. Samuel Beckett, James Joyce, Flann O’Brien, C.S. Lewis, Bernard Shaw, W. B. Yeats… Novelistas, dramaturgos y poetas que en ocasiones revolucionaron el mundo de las letras. Y que aún lo hacen.

El nuevo milenio no iba a ser para menos, y el origen de uno de los superventas del año 2006 resultó ser Irlanda. Rompía tópicos, de nuevo, y en vez de quedarse con las historias tradicionalmente irlandesas, el dublinés John Boyne sorprendía a todos con una trama ambientada muy lejos de su tiempo y de su casa, nada menos que en la Alemania nazi. ‘El niño con el pijama de rayas’ (Salamandra), primero, y más tarde ‘Motín en la Bounty’ y ‘La casa del propósito especial’ descubrieron a un autor que no se contenta con su realidad cercana o con lo que ha ocurrido en su país, sino que se dedica a retratar y a explicar a otros.

Explicar a los otros

Esa puede ser una de las señas de identidad de algunos de los escritores irlandeses de hoy. Por ejemplo: Colum McCann, dublinés también aunque vive en Nueva York, se atrevió hace un par de años con un retrato de la Gran Manzana tras el 11-S que le valió el National Book Award. El libro, titulado ‘Que el vasto mundo siga girando’ (RBA), parte de la hazaña del funambulista Philippe Petit; en 1974 cruzó la distancia que separaba las hoy desaparecidas Torres Gemelas… a pie sobre un cable tendido en el vacío. Una novela anterior había tomado como protagonista a Nureyev, y sólo al principio de su carrera se centró en las vivencias de los emigrantes irlandeses en Estados Unidos. En la misma línea trabaja Gerard Donovan, emigrado a Estados Unidos, que publicaba el año pasado ‘El inventor de palabras’ (Tusquets), una historia de amor a la lectura ambientada en Maine.

La escritora Anne Enright rompe también moldes y ella y quienes están más al tanto de las tendencias literarias son de la opinión de que su modernidad no es del agrado de sus compatriotas lectores. Autora de ‘El encuentro’ (Lumen), se daba a conocer en nuestro país a raíz del premio Man Booker de Novela en 2007, el año en que era favorito el más que conocido Ian McEwan. La suya era una novela en plan tragedia griega en la que estaban presentes problemas tan irlandeses como el alcoholismo y las relaciones familiares no demasiado sanas, por citar un par, pero desde una óptica y un estilo innovadores. Enright dijo en su momento que «Irlanda tiene una idea muy fuerte sobre sí misma y eso no incluye necesariamente a alguien como yo. Hay nostalgia por una Irlanda católica, y yo no soy especialmente católica; una Irlanda que es a menudo rural, y yo soy urbana».

Urbana es también Marian Keyes, a quien se le debe el nacimiento de la llamada ‘chick lit’ o literatura para chicas, entendida en plan ‘Sexo en Nueva York’ y no como novela romántica al uso; es decir, con muchas compras, mujeres profesionales y amores que terminan siendo posibles. Si no fue la primera en dedicarse a este género, si fue al menos una de las artífices de su éxito internacional. Ella abrió camino para una larga lista de escritoras entregadas a retratar las vivencias de mujeres de hoy con mucho sentido del humor y ‘glamour’. Su primera novela se publicó en Irlanda en 1995, pero no fue hasta cinco o seis años después que el fenómeno alcanzó al público español de lleno. Entre las ‘must’ de este tipo de literatura no faltan los nombres irlandeses: por ejemplo, Sinéad Moriarty con ‘Amantes, amigos, embarazos y más líos’ (DeBolsillo) y Sheila O’Flanagan, la de ‘¿Cómo lo reconoceré?’ o ‘Amor a primera vista’ (en distintos sellos de Planeta).

Más en la línea tradicional, al menos en los temas aunque no en el estilo, se sitúa Colm Tóibín (Enniscorthy, 1955). En sus novelas refleja el exilio, los problemas que suponen al exiliado la vuelta a casa, la nostalgia por encima de todo -dice el escritor que ese es un sentimiento irlandés-, las relaciones familiares, la muerte del progenitor… Y también la homosexualidad, con lo que toda su obra tiene un marcado sentido biográfico. Es gay y nunca lo ha ocultado, su padre murió de forma prematura y vive a caballo entre su país natal y Estados Unidos, donde ha dado clases de literatura en distintas universidades. Varias de sus novelas, además, transcurren en su propio pueblo. El año pasado podíamos leer en castellano ‘Brooklyn’ (Lumen). Parecido es el trabajo de Jamie O’Neill, autor de ‘Nadan dos chicos’ (Pre-textos), con el trasfondo de una historia de amor homosexual y adolescente ambientada en el conflicto entre irlandeses y británicos.

Un poco de todo

Lo de John Banville es caso aparte. Porque también se hace llamar Benjamin Black, dependiendo del corte de la novela. Si le da por la negra se pone este pseudónimo; para todo lo demás -denso, personal, con raíces en la tradición literaria clásica y reminiscencias de Nabokov- usa su nombre real. Nacido en Wexford, la capital del condado en el que nació Tóibín, una década antes que éste, se hizo con el Man Booker en 2005 con ‘El mar’ (Anagrama). En 2010 se publicaba en la misma editorial ‘Los infinitos’ y, hace tres años, su inicio de serie negra ‘El secreto de Christine’ (Alfaguara).

John Connolly (Dublín, 1968) cultiva, básicamente, el género policiaco y el de terror. En el primero, es el padre literario del detective Charlie Parker, que mientras busca al asesino de su mujer y su hija va resolviendo sus casos. La primera novela de la saga y primera que publicaba, ‘Todo lo que muere’, fue recibida en su país con la nominación al Premio Bram Stoker al mejor debut. En lo del terror, le han llegado a comparar con el maestro Stephen King. Y en breve será más conocido por estos lares ya que se va a estrenar una adaptación cinematográfica de su relato ‘La buena hija’, protagonizado por Kevin Costner e Ivana Baquero.

Para seguir desmintiendo tópicos que los atan a la tierra, basta mencionar el nombre del historiador Ian Gibson (Dublín, 1939). Se licenció en Literatura Española y Francesa en el Trinity College de Dublín, dio clases como profesor de español en la Universidad Queen’s de Belfast y con el tiempo terminaría viviendo en España y hasta nacionalizándose en 1984. Sus trabajos biográficos sobre Federico García Lorca, Salvador Dalí y Antonio Machado son un referente. Es, con Hugh Thomas y Paul Preston, uno de los hispanistas que más tiempo ha dedicado al estudio de la II República y la Guerra Civil.

Entre los poetas, destaca el Premio Nobel de Literatura de 1995 Seamus Heaney (Derry, 1939). Pero hay muchos otros y además los hay en inglés y en gaélico, toda una tradición desde las poesías bárdicas (los bardos cantaban las gestas legendarias de los habitantes de su tierra y de su creación nacen las posteriores canciones que los irlandeses se llevaron a sus países de adopción. Toda novela sobre la gran hambruna que se precie incluye referencias a ese mundo de héroes desaparecido). De Heaney pueden encontrarse en castellano la ‘Antología poética Campo Abierto (1966-1996)’, en Visor, y el volumen de ensayos literarios ‘De la emoción a las palabras’, en Anagrama.

De los fallecidos recientemente, surgen nombres como el de John McGahern (Dublín, 1934), autor de ‘The Barracks’ y ‘Amongst Women’, que no se pueden encontrar en castellano; sí ‘La oscuridad’, la novela con la que se hizo famoso, que fue prohibida en su país y que le llevó a exiliarse a Estados Unidos. O el de Christopher Nolan (1965-2009), poeta y novelista, un ejemplo de superación personal. Afectado de parálisis cerebral, escribía gracias a un palito atado a la frente con el que tecleaba en su ordenador. Y recordando a Nolan, se puede hacer lo mismo con Christy Brown (1932-1981); éste era también pintor. Daniel Day-Lewis hizo famosa su figura en el mundo entero cuando se llevó al cine su biografía, ‘Mi pie izquierdo’.

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2 respuestas a Todos los colores de Irlanda

  1. Esperemos que la actual crisis económica que afecta a Irlanda, sea solucionada pronto…es digno de considerar que tal crisis fue ocasionada no solo por fenómenos internos, sino que también externos del país…

  2. Claudia de la Espriella dijo:

    Encuentro muy interesante y muy completo este ensayo. La verdad que comparto muchos de los puntos de vista que aquí se plantean.

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