La ridícula venganza inglesa (o el caso de la baronía que nunca existió)

Me refiero a la polémica artificial creada en torno al cargo al servicio de la Corona otorgado a Gerry Adams por el Gobierno británico al dimitir el líder republicano de su escaño en Westminster para presentarse a las inmediatas elecciones legislativas en la República de Irlanda. La forma en que David Cameron informó de ello en el Parlamento de Westminster, mofándose del político norirlandés y provocando la hilaridad de la cámara, pone en evidencia que la peripecia, amparada en una vetusta ley del siglo XVII, sólo pretendía humillar a Adams. Se trata, por tanto, de una ridícula venganza inglesa. Obviamente, si le hubieran consultado, el presidente del Sinn Féin hubiera rechazado el carguito de marras. Pero los ingleses no hubieran podido reírse de él y enredar con el asunto unos días. Como era de esperar, Gerry Adams ha protestado enérgicamente y Cameron se ha visto obligado a disculparse. Zanjada la polémica pues. Patético David Cameron, con la que está cayendo y se entretiene en estas tonterías.

Independientemente de que no comparta alguna de sus opiniones, creo que este artículo de El País recoge bien todos los flecos de este caso:

Gerry Adams, barón de Northstead

El Gobierno británico se aferra a una arcaica norma legal para obligar al líder norirlandés a ‘servir’ a la reina tras dejar su escaño en el Parlamento

Walter Oppenheimer – Londres – 27/01/2011

Es difícil decidir quién es más cínico en el esperpento que enfrentó ayer al líder del Sinn Féin, Gerry Adams, y el primer ministro británico, David Cameron. El político norirlandés, que aboga por la unión política de toda la isla de Irlanda y, por lo tanto, abomina de la relación de Irlanda del Norte con Gran Bretaña, ha anunciado que va dejar su escaño en el Parlamento de Westminster para presentarse a las próximas elecciones en la República de Irlanda.

Y Londres le ha aplicado una arcaica ley de 1642 que establece que solo se puede dejar los Comunes si se pasa a ejercer un cargo remunerado al servicio de la corona. Para cumplir ese precepto, el Tesoro le ha nombrado crown Steward and bailiff of the Manor of Northstead, algo así como administrador de la corona y alguacil del Señorío de Northstead.

Cameron se mofó ayer de Adams al anunciar ese nombramiento en los Comunes, en respuesta a una nada inocente pregunta del diputado unionista norirlandés Nigel Dodds. Según el primer ministro, Adams “ha aceptado un cargo remunerado bajo la Corona, que es, por supuesto, la única forma de retirarse de esta Cámara”. “No estoy seguro de que Gerry Adams vaya a estar encantado con ser barón del Señorío de Northstead, pero, de todas formas, me complace que se haya mantenido la tradición”, añadió entre las risotadas de los diputados británicos.

Adams le respondió de inmediato publicando una declaración en la que asegura que se ha limitado a enviar una escueta carta de dimisión, que nadie le ha preguntado si acepta ese cargo, que lo que ha dicho Cameron es falso y que el secretario privado del primer ministro le ha pedido disculpas por teléfono. “Aunque respeto el derecho de los parlamentarios británicos a tener sus propios protocolos y sistemas, por raros que le puedan parecer al mundo en general y a los irlandeses en particular, el primer ministro no debería reivindicar cosas que son falsas e inexactas”, precisa el político republicano.

Lo que parece haber ocurrido es que, aunque Adams no ha aceptado expresamente ese cargo real, el Tesoro ha interpretado su carta de dimisión como una petición del cargo. Con la intención quizás de mofarse de él, pero también de evitar un embrollo legal y asegurarse de que se cumple la tradición secular.

El cinismo de la parte británica parece incuestionable: por mantener una ley arcaica y absurda; porque por si no fuera lo bastante absurda la ley, el cargo “remunerado” al que se refiere no está en realidad remunerado; por aplicarla de la forma en que se le ha aplicado a Adams y por hacer chanza de ello en los Comunes.

Pero Adams tampoco está exento de cinismo. Primero, porque dimite de un cargo de diputado del que nunca ha tomado posesión, aunque sí ha cobrado los gastos parlamentarios. Segundo, porque la dimisión no es necesaria: tanto la ley irlandesa como la británica consideran compatible ser diputado en ambos países a la vez. Y, tercero, por decir que dimite para que los votantes de Belfast Oeste sigan bien representados en Londres cuando en la práctica él no ejerce como diputado en Westminster. Y todo eso con la economía de ambos países por los suelos.

Esta entrada fue publicada en Curiosidades, Política irlandesa. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La ridícula venganza inglesa (o el caso de la baronía que nunca existió)

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s