La ciudad de las mil bienvenidas abre sus brazos

Una embajadora de Dublín

Es la ciudad de las mil bienvenidas, pero hemos conseguido superarnos y ofrecer más de 2.500.
Son 2.500 dublineses normales; ciudadanos que aman tanto su ciudad que se han prestado como voluntarios para llevar a los visitantes a tomar una pinta, charlar y compartir algunas recomendaciones personales sobre su ciudad. Este es el objetivo de la iniciativa la Ciudad de las mil bienvenidas, presentada el mismo día de la celebración de Bloomsday. Entre los lugareños dispuestos a reforzar nuestra reputación de gente cálida y cordial se incluyen Bill Cullen, de la serie irlandesa de televisión The Apprentice, el pintor Graham Knuttel, la ex Miss Mundo Rosanna Davison, el candidato a senador David Norris y Aileen Power (autora de este artículo).

Bewley’s Cafe de Grafton Street: nuestro rincón de bienvenida.

En esta soleada tarde de celebración de Bloomsday, espero para cumplir mi papel de embajadora en el impresionante edificio georgiano cubierto de hiedra en el que se halla nuestro cuartel general de bienvenidas. Simon O’Connor, uno de los dos artífices de esta iniciativa, me explica el proceso antes de que lleguen mis visitantes. El entusiasmado dublinés (yo) rellena un breve cuestionario, lo deja en la oficina y charla un rato con Simon. Tras pasar el control policial, el embajador elige el horario y, en menos que canta un gallo, se encuentra tamborileando nervioso los dedos sobre una mesita, como estoy yo ahora mismo mientras mi visitante se retrasa un poco.

Una llamada a la pesada puerta georgiana anuncia la llegada de la neoyorquina Alexandra y su madre, Maureen. Simon nos presenta, ellas se desploman en el sofá, agotadas por el esfuerzo que ha supuesto encontrar el edificio, y les pedimos que elijan el lugar de Dublín al que quieran ir a tomar algo:  el Hotel MerrionBewley’s Café o Porterhouse.

Bewley´s CafeBewley´s Cafe en la calle Grafton

Eligen Bewley. Simon se despide de nosotros, que bajamos paseando por Grafton St, contemplando a los que disfrutan de la celebración de Bloomsday disfrazados frente a Davy Byrne’s. Señalo los ventanales del salón de té de Bewley, obra de Harry Clarke, recomendándoles que no se pierdan su obra maestra en la Hugh Lane Gallery, y nos sentamos en la planta de arriba, en la sala James Joyce, un lugar perfecto para este día.

Y así comenzamos una animada conversación sobre la vida en Dublín, los precios de los alquileres en Manhattan, los tipos de yoga, los derechos de autor de Joyce y qué harán mañana, su último día en Dublín. Les digo que pueden, y deben, pedirme toda la información que necesiten, dado que su embajador pluriempleado se dedica por el día a redactar textos para la oficina de turismo. Mientras me bombardean con preguntas y reflexiones sobre la ciudad, voy señalando en su mapa lo más interesante. ¿Los mejores artículos de punto irlandés? Círculo rojo en el establecimiento Kilkenny Design. ¿Interés por conocer el Dublín de hace 100 o 200 años? Círculo alrededor del Archivo Fotográfico Nacional, y Eden, justo al lado, para comer. Les explico que el descubrimiento de restos vikingos ha paralizado las obras en esa zona, y les relato la historia de la preciada obra de Caravaggio que se exhibe en la National Gallery, introduciendo dramáticas pausas y gestos grandilocuentes acordes con la pérdida y la recuperación de esta magnífica obra de arte.

Mucho después de que el sol abandone la terraza de la cafetería, pregunto a mis turistas sus impresiones sobre la experiencia. Les ha encantado, sin duda… y me dan las gracias por esta maravillosa tarde. No, gracias a vosotras, les contesto, revitalizado tras ver mi ciudad a través de sus ojos de turistas, por el encanto de esta taza de té. Nos abrazamos y Alexandra me asegura que en su casa de Nueva York siempre habrá un hueco para mí.

Una embajadora de Dublín

Mientras hago una foto alrededor de nuestras tazas de café vacías, una señora que se sienta a la mesa de al lado se ofrece a hacernos una foto a los tres. Al pedir la cuenta para pagar el helado de Maureen, mi café y el té de Alexandra, el camarero nos dice que todo está pagado por el programa Mil bienvenidas de Bewley. De repente, me siento realmente orgulloso de mi pequeña ciudad y de esta fantástica iniciativa que permite a lugareños y turistas disfrutar de una experiencia inolvidable. Mucho después de indicar a mis neoyorquinas cómo llegar a la mejor librería de Dublín, aún llevo la sonrisa pintada en el rostro.

Si quieres tomar algo con un dublinés, solo tienes que registrarte en el  sitio web de La ciudad de las mil bienvenidas.

[Fuente: Turismo de Irlanda.]

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2 respuestas a La ciudad de las mil bienvenidas abre sus brazos

  1. karina pozzo dijo:

    que buena iniciativa!!!!! en buenos aires hace muchos años que se hace esto, y al turista le encanta, y mas que nada al viajero joven , que se interesa por lo cotidiano e idioscincratico de un nuevo lugar. felicitaciones dublin por esta gran idea !!!!!!

  2. BRUNO dijo:

    Necesito urgentemente unas vacaciones…en “Toner´s”.

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