Irlanda vuelve a la recesión

En el diario barcelonés La Vanguardia, Rafael Ramos nos cuenta desde Kilkenny cómo la política de austeridad, tras años de espejismo, ha devuelto a Irlanda a la recesión: «Las cifras demuestran que la austeridad no funciona, por mucho que el establishment económico europeo quiera presentar a Irlanda como el alumno modélico que debe mostrar el camino a Grecia, Portugal, España e Italia».

Irlanda vuelve a la recesión por la caída del consumo y las exportaciones

La recuperación del año pasado fue un espejismo, difuminado por el ajuste | Los bancos irlandeses, nacionalizados, tienen un agujero de 65.000 millones de euros

Uno de los pubs está cerrado a cal y canto, las puertas y ventanas tapados con paneles de cartón piedra y amenazante imágenes de perros Doberman que enseñan las fauces para disuadir a los ladrones. En sólo un par de meses, han cerrado media docena de pequeños comercios. Todas las mañanas se forman colas en la Oficina de Empleo. Las agencias inmobiliarias ofrecen por medio millón de euros las casas que en la cresta de la ola llegaron a valer más de un millón. La recesión es evidente en Kilkenny, igual que en toda Irlanda.

La breve recuperación del año pasado, que mereció los aplausos de la canciller alemana, Angela Merkel, y de los gurús del Fondo Monetario Internacional, ha resultado ser un espejismo, como las mejorías que experimentan algunos pacientes antes de la recaída definitiva. Las cifras demuestran que la austeridad no funciona, por mucho que el establishment económico europeo quiera presentar a Irlanda como el alumno modélico que debe mostrar el camino a Grecia, Portugal, España e Italia.

Dos trimestres consecutivos de crecimiento económico negativo han hecho que Irlanda entre otra vez técnicamente en recesión. Para sus habitantes, que sufren en carne viva el devastador impacto del paro y los recortes, no significa ninguna gran novedad. Pero el impacto político es importante, porque hace cuestionar las medidas para la drástica reducción del gasto público adoptadas por el primer ministro Enda Kenny como condición del rescate de 85.000 millones de euros concedido por las instituciones internacionales.

El producto interior bruto (PIB) cayó un 0,2% en el último trimestre del año pasado, después de un descenso aún mayor del 1,1% en el tercer trimestre, debido a una disminución de la demanda para las exportaciones como consecuencia de la desaceleración de la economía china y del estancamiento del consumo en la Unión Europea. “Es la pregunta del millón -señala el banquero Eamon O’Donoghue-. Si se bajan los sueldos, se despide a trabajadores y se recorta a diestro y siniestro, ¿quién va a gastar?”.

Lo peor de todo es que el plan de rescate no ha servido para sanear el sector bancario, nacionalizado masivamente por el Estado, que ha asumido sus deudas para garantizar todos los depósitos, y necesita una recapitalización de por lo menos 65.000 millones de euros que nadie sabe de dónde van a salir, y menos aún en recesión. Un índice de paro del 14% ha dejado sin esperanza de encontrar trabajo a toda una generación, y ha provocado una nueva oleada migratoria a Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, países donde los irlandeses son bienvenidos como mano de obra blanca, de habla inglesa, bien preparada y con un alto nivel educativo. 

Pero si el producto interior bruto es lo que determina técnicamente si un país está o no en recesión, las estadísticas son todavía más oscuras en lo que se refiere al producto nacional bruto (PNB), que se redujo un 2,2% en el último trimestre, y en el caso de Irlanda son un barómetro de la realidad económica más relevante, por cuanto que descuentan los beneficios obtenidos por compañías multinacionales que tienen su sede en el país, pero se llevan el dinero fuera en vez de reinvertirlo.

“No existe un atajo para llegar al cielo, y el modelo de recuperación irlandesa a base de austeridad y más austeridad es el que tienen que seguir todos los demás países pecadores”, argumentó el pasado mes de enero, en el Foro de Davos, el primer ministro finlandés, Jyrki Tapan. Pero desde entonces la perspectiva es muy diferente, y la historia de éxito se ha convertido en la historia de fracaso que pronosticaban todos aquellos que creen que la única salida a la crisis europea son las medidas de estímulo en vez de los recortes.

Despidos, jubilaciones anticipadas, recortes de sueldo a los funcionarios públicos y subidas de impuestos -una combinación que ha resultado letal para el consumo interno- consiguieron poner fin a diez años consecutivos de déficit público, y que en el 2011 las arcas del Tesoro registraran un superávit. “Es muy dudoso -opina, sin embargo, un informe del Citigroup- que la actual política de austeridad vaya a tener éxito a la hora de estabilizar las finanzas”.

Los analistas de ese grupo bancario estiman que Irlanda no va a cumplir este año el objetivo de un crecimiento del 1,3%, aunque es posible que salga de la recesión antes del referéndum convocado por el Gobierno para el próximo 31 de mayo para ratificar (o no) el tratado fiscal impuesto por Alemania a los países de la UE, y del que tan sólo se han desmarcado el Reino Unido y la República Checa. Cuanto más grave sea la crisis, mayores serán las razones para votar en contra.

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