‘El hombre tranquilo’ o cómo convertir el boxeo en algo encantador

Curioso artículo de Miguel Muñoz en el diario ABC, dentro de una serie sobre el deporte y el cine, en que glosa la pelea de John Wayne en la película irlandesa de John Ford El hombre tranquilo.

‘El hombre tranquilo’: el combate más entrañable de John Wayne

En una película llena de nostalgia sobre su Irlanda natal, John Ford convirtió al boxeo en algo lleno de encanto y vitalidad

MIGUEL MUÑOZ / Día 25/07/2012

En “El hombre tranquilo” (1952), el maestro John Ford convirtió un combate de boxeo en una entrañable escena rural. Muy lejos del Madison Square Garden, en plena campiña irlandesa, con un campesino testarudo como rival de John Wayne y los habitantes del pueblecito como enfervorecido público que jalea a los púgiles y hace apuestas sobre la marcha. Hay una palabra que define a la escena y a todo el metraje: encanto. Puro e irresistible encanto. Esta película de Ford sobre su Irlanda natal es la que más encanto irradia de toda su filmografía.

Y eso que el personaje de Wayne, Sean (un estadounidense que llega al pueblo irlandés de Innisfree para consumar la herencia de unos terrenos), tiene un pasado digno del cine negro: es un ex boxeador que mató accidentalmente a un rival. Desde entonces, se juró a sí mismo no volver a pelear. Pero en Innisfree se enamora de Kate (Maureen O’Hara), una temperamental mujer. El hermano de esta se niega a concederle la dote, y Kate le pide a Sean que pelee contra su hermano por ella.

Cuando Sean se niega, Kate y el resto del pueblo cuestionan su masculinidad. Un asunto grave, dado que en el fondo se trata de John Wayne, el macho norteamericano por antonomasia. Aún así, pese a que el inevitable combate se haga esperar, los ganchos verbales entre Wayne y O’Hara resultan igual de trepidantes… y tremendamente divertidos.

Las confrontaciones entre el taciturno Sean y la fiera Kate tienen una chispa mucho más adictiva que cualquier disputa por el título mundial. O’Hara, de hecho, se lo tomó tan en serio que se rompió un hueso de la mano en una escena en la que abofeteaba a Wayne y éste le detenía el golpe. Durante el resto del rodaje, la actriz tuvo que aguantar con el hueso roto, dado que Ford no quería estropear el “raccord” poniéndole una venda. Lo que, sin duda, sirvió para enardecer aún más a la actriz y darle mayor fuerza a su temperamental personaje.

Ford tenía la costumbre de provocar a sus actores para sacarles reacciones naturales, y con Wayne o O’Hara no hizo una excepción. Por esto mismo, seis décadas después, “El hombre tranquilo” sigue guardando un curioso misterio. En una escena posterior a los créditos, se ve a O’Hara susurrándole algo al oído a Wayne, y a éste reaccionando de forma airada. Cuáles fueron esas palabras es un secreto que solo conocían Wayne, O’Hara y Ford. Lo único que se sabe es que la actriz tuvo muchos reparos en decírselas al “duque”.

“El hombre tranquilo” alcanza su clímax en la escena donde Sean vuelve a pelear, habiendo comprendido que la dote que el hermano de Kate se niega a entregar no es una cuestión de dinero, sino de honor. Cuando Sean da el primer puñetazo, Kate borra su expresión enfadada de la cara y le mira tierno: “Ahora me voy a casa. Tendré lista la cena para ti”. El pueblo entero, que asistía expectante a la reyerta, estalla en el jolgorio. El boxeo como pura vitalidad.

La cámara de Ford se deleita con grandes planos enfocando a la animada multitud, que en lugar de las luces artificiales de los estadios tienen de fondo el verde intenso del césped y el azul claro del cielo, acentuados por la intensidad del technicolor. La música de Victor Young deja oír los alegres violines. Los espectadores, incluidos los curas del pueblo, la siguen encantados. Hasta refrescan con agua a los púgiles, por si acaso se les ocurre parar de pegarse demasiado pronto.

La escena termina entre pintas de cerveza, cuando los dos contendientes vuelven a emprenderla a puñetazos por discutir quién paga la cuenta.

Solo un Ford idealizando su Irlanda natal podía convertir al boxeo en algo tan festivo. Canalizar con esa candidez los demonios interiores de un púgil que guarda en su interior la culpa de un homicidio. Pero en Innisfree, hasta el mismísimo Jake La Motta de “Toro salvaje” habría recuperado el entusiasmo por la vida.

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Una respuesta a ‘El hombre tranquilo’ o cómo convertir el boxeo en algo encantador

  1. Bruno dijo:

    Homérico…

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