Inishmore, el corazón celta de Irlanda

El corazón celta de Irlanda

Inishmore es la más grande de las Islas de Arán, mítico enclave de las tradiciones más auténticas de la República irlandesa.

Jerseys de lana, rudos pescadores, antiguas ruinas, muros de piedra, música tradicional y acantilados espectaculares aconsejan el salto desde la vecina ciudad de Galway.

[El pasado 8/07/2014, en la sección Viajar Ahora de eldiario.es encontré este excelente reportaje sobre una de las islas de Aran, en Irlanda.]

La campiña de la isla de Inishmore, la más grande del Archipiélago de Arán, en la costa oeste de Irlanda. VIAJAR AHORA

La campiña de la isla de Inishmore, la más grande del Archipiélago de Arán, en la costa oeste de Irlanda. 

Cuentan los isleños, con una mezcla curiosa de sorna y orgullo, que estas tierras azotadas por el viento quedaron siempre lejos del control de la corona británica. Según parece, el aislamiento y las dificultades para responder a cualquier brote de descontento por parte de los naturales recomendaron retirar la pequeña guarnición que mantenía en este pequeño territorio su británica majestad. También aseguran los lugareños, habladores y amables, que la bandera de la República de Irlanda ondeó en el lugar mucho antes de que el resto del país “se librara de los ingleses”. Orgullosos. Irlandeses de pura cepa, se autodenominan alternando ese inglés tan particular del poniente que usan cuando hablan con el forastero y el gaélico que aún es lengua materna para los nativos de esta zona del país. Cabellos revueltos, gruesos jerseys de lana famosos en el resto del país, manos endurecidas a golpe de arado, sal y remo; hombres y mujeres de las míticas islas de Arán, epicentro de la ‘Gaeltacht’ (comunidad gaélico hablante).

Pese a que es pleno verano, hace frío en Kilronan, que pese a no ser más que un montoncito de casas es la capital del Archipiélago. Calados de lluvia y ateridos por ese vientecillo gélido que llega desde el corazón del Atlántico norte buscamos refugio en el American Bar. Sopa de pollo hirviendo, un imponente stew (estofado) de cordero y la omnipresente Guinness, la ‘stout’ más famosa del mundo. Los naturales beben, charlan y juegan al billar. Las gotas de agua golpean con violencia los cristales de la ventana. El día se muere entre lamparazos eléctricos que llegan del cielo y ecos de tormentas aún lejanas que no hacen más que decir que lo peor aún está por llegar. Entonces alguien hace sonar el acordeón. Y casi como por arte de magia suena el lamento suave y evocador de la whistler (flauta tradicional) y los golpes profundos del bodhrán (tambor ancho y de fondo corto). Y todo cobra sentido. Nada sobra; ni la lluvia, ni el viento helado, ni la música, ni, por supuesto, la pinta de Guinness.

Miles de kilómetros de muros de piedra dividen los campos de Inishmore creando un singular puzzle. VIAJAR AHORA

Miles de kilómetros de muros de piedra dividen los campos de Inishmore creando un singular puzzle. 

Inishmor es la mayor de las tres islas que forman el pequeño archipiélago de las Islas de Arán, una especie de barrera de caliza gris que protege a la Bahía de Galway de las olas siempre enfurecidas del Océano Atlántico. Apenas tiene catorce kilómetros de longitud y cuatro en su punto más ancho. Unas 1.300 almas viven en esta roca tapizada de prados verdes con forma de barra; la mayor parte en el pequeño y coqueto pueblo de Kilronan, un modesto conjunto de casitas de una o dos plantas con tejados de pizarra negra en torno a la bahía de Cill Éine. Un lugar donde los prados verdes vienen a morir en preciosas playas de fina arena blanca. Pero el mar es aquí frío. Inhóspito y brutal. Un mar que ha marcado el carácter de las gentes que han vivido en ‘la roca’ desde tiempos inmemoriales forjando esta raza de tipos duros y mujeres fuertes. Paisanos y paisanas que han sabido arrancar al mar y a la tierra pedregosa un sustento hasta hace pocas décadas escaso.

“Ahora es otra cosa”, señala el viejo Thomas, mientras mesa los cabellos colorados y alborotados de su nieto; un isleño de ojos vivaces. “Antes aquí se vivía muy mal y costaba llenarse el estómago, pero ahora con el turismo todo es diferente”, comenta. Entonces, por qué molestarse en mantener en pie los más de 1.500 kilómetros de muros de piedra seca que cruzan la isla en todas las direcciones y la convierten en un enorme puzzle de pequeñas piezas verdes en las que el isleño cultiva casi cualquier cosa. “Esto es lo que somos”, contesta. “Es lo que vosotros habéis venido a ver”, sentencia con rotundidad.

Una calesa recorre las carreteras de Inishmore, la más grande de las Islas de Arán. VIAJAR AHORA

Y no le falta a razón. Estos paisajes cruzados en todas las direcciones por hiladas de piedras grises son, junto a los restos arqueológicos, el principal atractivo de un trozo de tierra que, en verano, llega a multiplicar su población por seis. Arriba el visitante por mar o aire desde la vecina Galway y le aguardan a pie de escalerilla pequeños autocares, carros tirados por ponys o representantes de empresas que alquilan bicicletas. Esto último no es una mala opción si se va con tiempo. Pero uno queda expuesto a la furia de los elementos. El variable clima irlandés es en estas tierras aún más caprichoso que en la ‘isla grande’, como dicen por aquí.

Fuertes prehistóricos e iglesias

Los primeros vecinos y vecinas de las islas pusieron los pies en el lugar hace unos 2.000 años y dejaron curiosas estructuras de piedra que los expertos han identificado como poderosos fuertes defensivos de piedra. El más célebre es el Dun Aengus (Tel: (+353) 996 008; Horario: L-D 9.30 – 16.00; e-mail: dunaonghasa@opw.ie), un imponente sistema de anillos defensivos construidos con roca suelta que aprovecha uno de los acantilados más altos de la isla para guardar su flanco sur. Hay otros ‘Dun’ (los de Eoghanachta, Eochla y Dunchathair) a lo largo de la geografía insular, pero ninguno alcanza la espectacularidad de la conocida como morada del rey Aengus. Muy cerca, después de dejar atrás la coqueta playa de Kilmurvey, uno se encuentra con la otra gran realidad que conformó la historia e identidad de los isleños: el cristianismo. De Na Seacht dTeampaill (las siete iglesias) hoy sólo quedan muros que dejan las antiguas estancias expuestas a los cielos normalmente grises y llorones. Arcos que no conducen a ningún sitio, restos de cruces celtas y las omnipresentes lápidas son todo lo que queda de este monasterio que, según nos cuentan, data del siglo VIII.

Murallas del Dun Aengus, una de las construcciones prehistóricas más imponentes de Irlanda.

Murallas del Dun Aengus, una de las construcciones prehistóricas más imponentes de Irlanda.

Ruinas venerables. Como las que se encuentran a escasos metros del coqueto aeropuerto, a apenas dos kilómetros de la capital. Por aquí aseguran que los muros semi derruidos son los restos de la morada de los ermitaños que San Enda trajo a estas tierras para ilustrar a los paganos isleños en la fe de la cruz. Por eso se la conoce con el nombre de Sant Enda’s Church. En esta zona de la isla se concentran las mejores playas y desde Eararna pueden verse las vecinas islas de Inishmaan e Inisheer, las otras integrantes del Archipiélago. Killeany es la tercera población de la isla. Es apenas una calle que recorre una espectacular ensenada en la que los ingleses situaron el primer embarcadero y el Castillo de Arkyn, símbolo de la ocupación británica en la isla.

Naturaleza Salvaje

Pero hay mucho más que piedras, por supuesto. Naturaleza a lo bestia en lugares como Port Chorruch, en el que no es difícil ver alguna de las colonias de leones marinos que viven en la isla. Naturaleza ruda que condicionó la vida de los habitantes de Aran. Un pueblo apegado a sus tradiciones que, durante años, atrajo la atención de antropólogos o cineastas como el norteamericano Robert Flaherty, autor de la memorable ‘Hombres de Aran’, que allá por 1934 se convirtió en una de las primeras películas documentales de la historia.

Siete Iglesias, antigua comunidad monástica medieval de las Islas de Arán, en Irlanda. VIAJAR AHORA

Siete Iglesias, antigua comunidad monástica medieval de las Islas de Arán, en Irlanda.

Porque el mar es el elemento que define a esta pequeña porción de tierra. Una buena forma de acercarse sin peligro a lo que supone ese Atlántico inmisericorde es recorrer la costa sur de la isla. El litoral que da a la Bahía de Galway es una sucesión de entradas y salidas, recodos y pequeños estuarios en los que no es difícil quedar boquiabierto ante la belleza salvaje de sus playas. Según se avanza hacia el sur, el terreno se inclina hasta llegar a una altura superior a los 100 metros que se interrumpe de golpe en impresionantes acantilados. En esta parte de la costa las olas suelen batir con fuerza.

Todo eso y más. Como la lluvia y los pubs, y las pintas, y las sopas de pollo, y la música tradicional irlandesa para dejar volar la imaginación en esos momentos en los que el viento enfurecido lanza con violencia las gotas de agua gélida contra los cristales de las ventanas.

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Cómo llegar: Por mar, una buena opción es Islands Ferrys, con varias conexiones diarias desde el Puerto de Rossaveal. Aer Arann también ofrece varias conexiones al día aunque por vía aerea desde el Aeropuerto de Connemara

Dormir en Inishmore:

Ostan Oileain Árainn Hotel

El mejor hotel de la isla con habitaciones cómodas y bien provistas (Kilronan).

http://www.aranislandshotel.com

An Crúgán

Cómodo y con las mejores vistas sobre la bahía de Cill Éine (Kilronan).

http://www.pierhousearan.com

Kilronan Hostel

Sencillo pero correcto (Kilronan).

http://www.kilronanhostel.com

Man of Aran Cottage

Casa tradicional con techos de paja (Kilmurvey, cerca de Dun Aengus).

http://www.manofarancottage.com

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