‘Jimmy’s Hall’, el regreso a Irlanda de Ken Loach

El director británico Ken Loach presentó en el reciente Festival de Cine de Cannes su última película, en la que regresa a la Irlanda de los años ’30. Aquí tenéis una crítica:

Ken Loach y el compromiso social en la Irlanda de los años ’30

 

En “Jimmy`s Hall”, otra biopic de las varias programadas este año, el autor de “Riff Raff” y “Mi nombre es Joe”, entre otros treinta largometrajes desde 1967, viaja hasta la Irlanda de 1936 para contar la historia de Jimmy Gralton y su lucha social.

Gralton, tal como aquí lo aseguró Paul Laverty, el coguionista habitual de Loach, es imaginado más que retratado dado que hay poca información acerca de su vida, no obstante sirve de excusa para mostrar su enfrentamiento con los símbolos del poder.

En un momento clave de la vida política irlandesa, y en el pequeño condado de Leitrim, Gralton lideró a vecinos de ideas políticas relacionadas con el compromiso social y reabrió con la ayuda de todos ellos un salón de baile, con un gramófono y música de la típica local y jazz negro.

Ocurre que en un proceso político anterior, Gralton tuvo que exiliarse en Nueva York, de donde volvió con ganas de recuperar aquel lugar para la cultura y la diversión, tan necesario en tiempos de crisis, como los que afectaban al mundo en la década del 30 y esta vez tenía el apoyo de los jóvenes.

Allí encontró rápida oposición tanto de los poderosos, de los terratenientes, de la policía y la iglesia católica, quienes vieron en Gralton y sus muchos seguidores una “amenaza comunista” a la que había que aplicar la ley de la “manzana podrida”, antes de que avance.

Loach pone un poco de música alegre a esa juventud entusiasta y a algunos mayores que aspiran a lograr justicia social, reivindicaciones para los que menos tienen y muy en especial entregar cultura allí donde solo parece existir un sometimiento de rodillas a la iglesia y el poder.

El guión subraya la idea de que la cultura es la sonrisa, pero también esa otra que permite descubrir que en la década del 30 o en el presente, la canción es la misma y, como dijo Loach en la conferencia de prensa posterior a la exhibición del filme, “ahora el enfrentamiento de Jimmy Gralton sería con las corporaciones”.

El cineasta consigue que la historia de Gralton supere el tiempo y pueda ser relacionionada con las derechas neoliberales de hoy, que de la noche a la mañana demonizaron el término populismo, usándolo para definir a todo proceso social que no acepta someterse, ni arrodillarse, a las recetas del capitalismo salvaje.

Para llegar a este equilibrio, Loach y Laverty contaron con excelentes trabajos de Barry Ward como Gralton, Simone Kirby como su amada imposible Ona y de Jim Norton, como el padre Sheridan, quien mueve los hilos del poder que le da la religión, a conciencia de que no está bien.

“Siempre intenté capturar la verdad del momento. Lo que realmente me inspiró fue la idea de un espacio abierto, resistente, que destile ideas progresistas y revolucionarias en una sociedad opresora”, aseguró Loach, quien recientemente anunció es probable  no dirija más obras de ficción sino documentales.

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