‘A taste of Ulysses’, de Bárbara Arizti (materiales para el primer Bloomsday en Zaragoza)

Por gentileza de la profesora de Filología Inglesa de la Universidad de Zaragoza Bárbara Arizti Martín, Innisfree os ofrece hoy el documento-base que se utilizó en la primera celebración del Bloomsday en Zaragoza el pasado 16 de junio en la Librería Cálamo. Que sea la primera de muchas. Sláinte!

 

A TASTE OF ULYSSES

Bárbara Arizti Martín

 

De izda. a dcha.: Carlos Revuelto, Ana Hornero, Bárbara Arizti y Jorge Sanz, con parche joyceano en el ojo, al final del acto.

De izda. a dcha.: Carlos Revuelto, Ana Hornero, Bárbara Arizti y Jorge Sanz, con parche joyceano en el ojo, al final del acto.

Ulises, la obra maestra de James Joyce publicada en 1922, narra un día en la vida de tres personajes principales: Stephen Dedalus, un joven aspirante a escritor, Leopold Bloom, agente publicitario y Molly, su mujer, que es cantante profesional. El día es el 16 de junio de 1904, fecha en la que Joyce había dado su primer paseo por Dublín con Nora Barnacle, su futura esposa. La acción se desarrolla íntegramente en Dublín entre las 8 de la mañana y las primeras horas de la madrugada. Cada 16 de junio desde el año 1954, los dublineses y otros ciudadanos del mundo celebran el Bloomsday, o día de Bloom. Joyce, que tenía un alto concepto de sí mismo, predijo que Ulises mantendría ocupados a los estudiosos durante décadas, como así ha sido. En lo que sigue, y a modo de cata, resumiré algunas de las interpretaciones principales.

Bloomsday Zgz 2Una de las más sutiles y menos conocidas es la que hace Vincent Cheng de la primera escena de la novela en su libro Joyce, Raza e Imperio. Ulises comienza en la torre Martello, donde viven de alquiler Dedalus, Mullighan, y Haines. Mullighan es estudiante de medicina y Haines, un joven inglés, recopila refranes irlandeses para una antología. Cheng interpreta la relación entre los tres personajes como un reflejo de la situación de Irlanda en esa época. Dedalus sería el representante de los irlandeses subyugados por el Imperio Británico; Haines, cuyo padre ha hecho fortuna en el África colonial y que se dedica a estudiar a los irlandeses como hacían los antropólogos en otras partes del imperio, encarna a los colonizadores; y Mullighan, que se alía a menudo con él en contra de Stephen, representaría a los irlandeses colaboracionistas. “Dime, Mullighan, “¿hasta cuándo se va a quedar Haines en esta torre?”. “Si él se queda, yo me largo” (mi traducción). Estas son las primeras palabras de Stephen en la novela y parecen reforzar la hipótesis de Cheng.

Joyce puso mucho de sí mismo en Ulises, no solo en Stephen Dedalus, que ya fuera su alter ego literario en el Retrato del Artista Adolescente, sino también en Leopold Bloom, en quien Joyce proyecta algunos rasgos de su faceta de padre y esposo. Aunque los dos personajes se presentan en oposición (Stephen se identifica con las humanidades, Bloom con las ciencias; Stephen más cerebral, Bloom asociado con el cuerpo y sus funciones) el hecho de que sus caminos se entrecrucen a menudo y el encuentro final en el episodio 17, Itaca, cuando Leopold acoge a Stephen en su casa, apuntan al interés del autor por tender puentes entre los opuestos. La lectura autobiográfica de Ulises se fundamenta asimismo en el personaje de Molly, la mujer de Bloom, inspirado en gran medida en Nora Barnacle.

Bloomsday Zgz 3La invitación a leer la novela en paralelo con la Odisea queda patente ya en el título. Las andanzas de Leopold en un día cualquiera en Dublín siguen los episodios del mítico viaje de Ulises en la obra de Homero. Las tres partes en las que se divide la novela de Joyce se corresponden, a grandes rasgos, con los tres personajes principales de la Odisea, Stephen ocupando el lugar de Telémaco, hijo de Ulíses, y Molly el de Penélope, su mujer. En este último caso se trata de un correlato irónico, ya que Molly acaba de cometer adulterio con su agente artístico, desmontando así la proverbial fidelidad de Penélope. El tema de la paternidad destaca en las dos obras. En Ulíses Bloom acabará ejerciendo de figura paterna del desorientado Stephen, en quien ve un sustituto de su hijo Rudy, muerto a los pocos días de nacer.

Aunque hasta ahora se han mencionado aspectos fundamentalmente temáticos, el auténtico genio de Ulises se encuentra en su forma, como cumbre de la novela modernista que es. Conforme avanza la narración, el lector se ve progresivamente envuelto en un experimento formal que culmina con el monólogo interior de Molly en el que Joyce prescinde de los signos de puntuación y nos da acceso directo al fluir de la consciencia del personaje. En episodios anteriores, se nos ha permitido entrar libremente en las mentes de Stephen y Bloom y observar las distintas preocupaciones y el estilo marcadamente diferente de uno y de otro. Así es como reaccionan al encontrarse con Dilly, hermana de Stephen:

Stephen: Se ahoga. Mordedura. Sálvala. Mordedura. Todo está contra nosotros. Me ahogará con ella, ojos y cabello. Rodetes desmadejados de cabello algamarina a mi alrededor, de mi corazón, de mi alma. Verde muerte salada. (Traducción de Gª Tortosa)

Leopold: La hija de Dedalus allá aún ante la sala de subastas de Dillon. Debe de estar liquidando algunos muebles viejos. La reconocí en seguida porque tiene los ojos del padre. Barzoneando mientras le espera. El hogar se desmorona cuando la madre falta. Quince hijos tuvo el hombre. Un nacimiento por año casi. Eso es parte de su teología o el sacerdote no le da a la pobre mujer la confesión, la absolución. Creced y multiplicaos. ¿Se habrá oído alguna vez algo parecido? Comen tanto que no hay pan para tanta boca. […]

Dios Santo, el vestido de esa pobre niña está andrajoso. Desnutrida parece también. Patatas con margarina, margarina con patatas. Es después cuando se resienten. Cuando le ven las orejas al lobo. Arruina la salud. (Traducción de Gª Tortosa)

El estilo de Stephen resulta más poético, más metafísico y más abstracto que el de Leopold. Su preocupación fundamental no es tanto el estado de su hermana sino cómo le afecta a él la relación. Leopold, en cambio, más llano, demuestra una preocupación sincera por ella, unas finas dotes de observación y una mirada casi femenina, a la par que una tendencia a la digresión y a la generalización.

La novela introduce, además, vocablos en varios idiomas, recurre a menudo a la onomatopeya, parodia distintos estilos narrativos como el periodístico, el dramático o el de la novela rosa. En el episodio “Bueyes del Sol”, mientras los personajes esperan en la maternidad el nacimiento de un bebé, Joyce imita la evolución de la prosa en lengua inglesa a lo largo de nueve fragmentos que representan los nueve meses de una gestación. El no va más de su capacidad creativa es quizás lo que él mismo llamó “prosa peristáltica”, la forma narrativa del episodio “Lestrygones”, en el que Bloom almuerza en un pub. La organización de las palabras en la frase imita el lento movimiento hacia adelante y hacia atrás de los alimentos en el intestino durante la digestión: “Un perfume de abrazos a todo él le envolvió. Con carnes hambreadas oscuramente, mudamente ansió adorar” (Traducción de Gª Tortosa).

Ante una novela tan compleja como Ulises cabe preguntarse si hay algún tema dominante. Para Richard Ellman, quizás el más ilustre biógrafo de Joyce, la novela trata simple y llanamente del amor. El amor en todas sus formas. “Dime la palabra, madre, si la sabes ahora” —le pregunta Stephen al fantasma de su madre casi al final de la novela— “La palabra que todos conocen”. La madre calla. Pero, aunque las preguntas suelen venir antes que las respuestas, en Ulises el lector atento tiene que retrotraerse al capítulo 9, en la Biblioteca Nacional, donde uno de los personajes le dice a Stephen: “¿Sabes de qué estás hablando? Del amor, sí. La palabra que todos conocen.” El amor está también en boca de Leopold:

 Eso no es vida para los hombres y las mujeres, insultos y odio. Y todo el mundo sabe que es precisamente lo contrario lo que es la vida de verdad.

-¿Qué? Dice Alfa.

-El amor, dice Bloom. Quiero decir lo contrario del odio. Tengo que irme […].

-Un nuevo apóstol de los gentiles, dice el paisano. Amor universal. (Traducción de Gª Tortosa)

Al final de la novela Bloom aparece ante los ojos del lector como el verdadero héroe, el prototipo del hombre bueno en el que Stephen encuentra a un padre y Molly un sustituto de Lunita, su madre, a la que nunca llegó a conocer. De hecho, y a pesar de la relación adúltera con Boylan, a él le dedica las palabras finales de su monólogo, que concluyen la novela en una nota, si no de optimismo, sí de apertura y determinación:

Yo era una Flor de la montaña sí cuando me ponía la rosa en el pelo como las chicas andaluzas o me pongo una roja sí y cómo me besó al pie de la muralla mora y yo pensé bueno igual da él que otro y luego le pedí con los ojos que lo volviera a pedir sí y entonces me pidió si quería yo decir sí mi flor de la montaña  y primero le rodeé con los brazos sí y le atraje encima de mí para que él me pudiera sentir los pechos todos perfume sí y el corazón le corría como loco y sí dije sí quiero Sí. (Traducción de Gª Tortosa)

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