La huella vikinga en Irlanda protagoniza la nueva novela de Ángel Gil Cheza

La huella vikinga en Irlanda protagoniza la nueva novela de Ángel Gil Cheza: La lluvia es una canción sin letra.

Irene Dalmases. (EFE/CP). Trabajar a lo largo de año y medio en una excavación arqueológica en Irlanda, siempre embarrado y encontrando los restos de una chica decapitada, marca. Al menos, así lo explica a Efe el escritor castellonense Ángel Gil Cheza, quien acaba de publicar La lluvia es una canción sin letra.

La novela, comenta, nace de su experiencia personal, entre los años 2003 y 2004, cuando residió en aquel país y realizando tareas de arqueólogo desenterró el cuerpo de una mujer, quien, al parecer había muerto en extrañas circunstancias a principios del siglo XI, en un momento de dominación vikinga en la isla.

Escrita en dos planos temporales, en el libro, publicado por Suma de letras, se pueden seguir las andanzas de una joven de hace mil años, llamada Eimear y, a la vez, conocer por qué un librero valenciano huye de su tierra a principios del siglo XXI para recalar en un lugar gris, verde y húmedo.

Conocido por el gran público gracias a El hombre que arreglaba las bicicletas, Ángel Gil dice que pronto tuvo claro que de su estancia en Irlanda podía surgir una narración, especialmente, porque “en arqueología puedes saber que un cuerpo ha sido decapitado o ha sufrido una muerte violenta, pero no puedes conocer las circunstancias vitales de esta persona”.

En cambio, gracias a la literatura se puede imaginar qué sentía, cómo era. “Todavía hoy -agrega- pienso en esa mujer, cuyos huesos tuve en mis manos, y siento que tengo un vínculo con ella”.

No esconde que, tras varios intentos y “muchas páginas rotas en el suelo de un café”, ha acabado armando este artefacto literario, que le ha comportado volver en varias ocasiones a Irlanda, un lugar que ve como su segunda casa, y donde, en ocasiones, le han considerado autóctono, posiblemente debido a un pelo tirando a pelirrojo y a su fornida constitución física.

Además de no olvidarse del amor o las relaciones de amistad, la novela le ha servido para tratar sobre la presencia vikinga en Irlanda, que califica de muy importante. “Dublín es de fundación vikinga, igual que algunas ciudades de la costa este. Allí estuvieron durante más de 200 años”, apunta.

Por otra parte, entiende que el carácter irlandés “apacible, afable, de hospitalidad, viene dado por sus circunstancias históricas, en las que no se puede obviar la huella vikinga“.

Gran aficionado a la música -incluso viaja acompañado de un ukelele- a Ángel Gil Cheza también le ha gustado reproducir en la obra el ambiente en el que se movió durante más de un año, lejos de casa, excavando barro y rodeado de personas de todo el mundo, desde japoneses, chinos y belgas a ingleses y americanos.

“Todo ello, en un ambiente de mucho pub, fiestas, mucho dinero, porque entonces nos ganábamos bien la vida, y muchas cenas. Era como estar de vacaciones. Guardo muy buenos recuerdos y todavía conservo amistad con muchos de aquellos compañeros”.

Sobre el título de la novela, indica que de todo ese tiempo se queda con la lluvia, de la que puede recordar su presencia tanto en los muchos buenos momentos como en los malos, que también los hubo.

Preguntado por nuevos proyectos, Ángel Gil avanza que está metido en una novela negra “dura y hermosa” que transcurre en su Vila-real natal, “en una geografía muy especial, en una zona boscosa con numerosas cuevas, en el meandro del río Mijares”.

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