Irlanda del Norte, dividida por dos modelos económicos

Peter Robinson (DUP) y Martin McGuinness (SF)Los partidos norirlandeses y los gobiernos británico e irlandés reanudaron el miércoles 17 sus conversaciones para lograr un acuerdo sobre asuntos que afectan al proceso de paz, paralizado, en parte, por las diferencias que mantienen en materia económica, según informa la agencia EFE.

El mayoritario Partido Democrático Unionista (DUP), defensor de la permanencia de Irlanda del Norte en el Reino Unido, y el Sinn Féin, antiguo brazo político del IRA y principal representante de la comunidad católica-nacionalista, coinciden en que Londres debe dar más dinero al ejecutivo autónomo de Belfast.

Ambas formaciones insisten en que la provincia británica es un caso especial, pues aún trata de dejar atrás un conflicto armado que causó hasta 1998 más de 3.500 muertos y, en consecuencia, el Gobierno central debería atender a las necesidades de una sociedad que trata, con muchos altibajos, de reconciliarse.

El DUP, conservador y apegado a la fe protestante, y el izquierdista Sinn Féin, partidario de la unificación de Irlanda, coinciden en que necesitan más dinero, pero chocan cuando toca decidir cómo y en qué gastarlo, y esto socava la posibilidad de acuerdo en cuestiones más directamente relacionadas con el proceso de paz.

En el centro de sus diferencias se sitúa la adopción de una política presupuestaria común y la reforma del sistema de bienestar social, clave para una de la regiones más desfavorecidas y con más desempleo del Reino Unido, según los nacionalistas.

Su enemigos le reprochan al Sinn Féin que defiende un modelo económico obsoleto, con más prestaciones sociales, cuya supervivencia mantendría a un sector de su población dependiente del Estado.

Por su parte, el DUP aboga por una reforma del sector público y propone “modernizar” la economía.

Muchas empresas y medios presionan por su lado al primer ministro británico, el conservador David Cameron, para que adelgace el papel del Estado en Irlanda del Norte, una las regiones más burocratizadas y subsidiadas del Reino Unido como consecuencia del pasado conflicto.

En este contexto, los cinco partidos que forman el gobierno de Belfast de poder compartido entre católicos y protestantes rechazaron la pasada semana un “paquete de ayuda” financiera de mil millones de libras (1.260 millones de euros) ofrecido por Cameron a cambio de que sellasen un pacto sobre las cuestiones más espinosas.

Las partes habían advertido de que cualquier acercamiento iba a depender de que Londres comprometiese una compensación económica significativa que amortiguase el efecto de los recortes sociales y de la reducción de 1.500 millones de libras (1.900 millones de euros) del presupuesto general para Irlanda del Norte hasta 2019.

El titular británico de Economía, George Osborne, también prometió más autonomía fiscal a Irlanda del Norte si sus partidos llegan a un acuerdo, lo que se traduciría en la devolución a Belfast de las competencias necesarias para modificar ciertos impuestos.

A pesar de sus diferencias, los partidos norirlandeses coinciden en la necesidad de rebajar el impuesto de sociedades para equipararlo con el de la vecina República de Irlanda, que recibe importantes inversiones extranjeras gracias a que esa tasa se sitúa en el 12,5 %, frente al 20 % de Irlanda del Norte.

El ejecutivo norirlandés ya se ha visto obligado a pedir al Tesoro británico un préstamo de cien millones de libras (126 millones de euros) para poder cuadrar las cuentas de la región durante el actual año fiscal.

Además, Londres podría multar a Belfast con 200 millones de libras (252 millones de euros) si no acomete una reforma de su sistema de bienestar social, una demanda planteada por el Gobierno central a otras regiones autónomas del Reino Unido.

Al margen de la reforma del sistema de bienestar o la política presupuestaria, los partidos mantienen diferencias profundas sobre asuntos que hunden sus raíces en el viejo enfrentamiento cultural, religioso y político que mantienen desde hace siglos unionistas y nacionalistas en el Ulster.

Hasta la fecha, los partidos no han sido capaces de acercar posiciones respecto a asuntos como el de las banderas, los desfiles protestantes y el legado de casi 30 años de un conflicto armado que causó más de 3.500 muertos.

El temor es que no logren un acuerdo antes de fin de año, ya que en mayo de 2015 habrá elecciones generales en el Reino Unido y las partes endurecerán sus posiciones, sobre todo las económicas, que son las que, al final, dan y quitan votos, ya sea en Belfast, Edimburgo o Cardiff.

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