¿La hora del Sinn Féin? (mi nueva colaboración en The Southern Cross)

[Aquí tenéis el artículo de análisis político sobre la actualidad irlandesa publicado en el número de marzo de 2015 de The Southern Cross, el periódico mensual de la comunidad irlandesa de Argentina.]

¿La hora del Sinn Féin?

De protagonista del proceso de paz norirlandés a esperanza frente al austericidio en Dublín

Chesús Yuste 

Gerry Adams

Gerry Adams, líder del Sinn Féin

El triunfo de la coalición de izquierda Syriza en las elecciones griegas del pasado 25 de enero supuso un auténtico terremoto en la Unión Europea. Por primera vez un gobierno europeo iba a cuestionar la política de austeridad dictada por Bruselas y Berlín. Y el desafío podría extenderse a otros países rescatados. El propio Alexis Tsipras, nuevo primer ministro griego, en su discurso la noche de la victoria electoral habló de las próximas victorias de Podemos en España y del Sinn Féin en Irlanda. Aquello sin duda ha sido un espaldarazo para las expectativas del partido de Gerry Adams, que no han dejado de crecer desde que los Acuerdos de Viernes Santo pusieron fin al conflicto de Irlanda del Norte en 1998.

En sus ciento diez años de historia, Sinn Féin empezó siendo el movimiento nacional que ganó las legislativas de 1918 en Irlanda con un 70% de los votos; tras sucesivas escisiones dio origen a todo el actual arco parlamentario irlandés; quedó reducido durante décadas a ser el brazo político del IRA; y hoy reaparece en escena encarnando a la izquierda irlandesa que hace frente a los recortes sociales y a la agenda austericida impuesta por la Troika. La última encuesta publicada el 15 de febrero en el Sunday Independent sitúa al Sinn Féin como el partido más votado si hubiera elecciones generales, con un 26%, un punto por delante del conservador Fine Gael, actualmente en el gobierno. No es la primera vez, otros sondeos en 2014 también lo situaban en primer lugar.

El ascenso del Sinn Féin tras el final del conflicto del Norte, una auténtica guerra civil que se cobró 3.500 vidas en treinta años, no tiene precedentes. En 1997 el SF con un 2,5% de los votos solo tenía un escaño en la Dáil (Cámara baja del Parlamento de la República de Irlanda). En 2002 creció hasta el 6,5% y 5 escaños. En 2007 se estancó: 4 escaños, con el 7%. El sistema de voto personal transferible castigó a sus candidatos, al favorecer los electores con la segunda preferencia de voto a sus rivales. Entonces, el líder del partido movió ficha, asumiendo riesgos como había hecho antes durante el complejo proceso de paz del Norte: Gerry Adams renunció a su cómodo feudo de Belfast Oeste, donde contaba con un 70% de los votos, abandonó la Asamblea autónoma de Stormont y el escaño de Westminster (que nunca había ocupado siguiendo la tradición republicana irlandesa) y cruzó la frontera artificial que divide la isla para presentarse a la Dáil por el condado de Louth. El resultado fue espectacular. En febrero de 2011, el SF rozó el 10% de los votos y alcanzó los 14 escaños, convirtiéndose en la cuarta fuerza política. Unos meses después, en las elecciones presidenciales de octubre, Martin McGuinness, viceprimer ministro del Norte de Irlanda y excomandante de IRA, quedó tercero con el 13,7%. En las elecciones locales de 2014, el SF siguió subiendo hasta el 15,5%, triplicando sus concejales (157) y resultando ser la fuerza más votada en Dublín. Pero el mejor resultado de su historia (excluida la victoria de 1918, obviamente) se produjo en las últimas elecciones al Parlamento Europeo: Por primera vez en 96 años, el SF había ganado unas elecciones en el conjunto de la isla, con 483.113 votos, destacando que en la República los candidatos del SF habían sumado 323.300 votos, un 19%, llevando tres escaños a Bruselas (más un cuarto por Irlanda del Norte).

Ni los viejos fantasmas de los Troubles del Norte han podido desgastar la imagen de Gerry Adams ni debilitar la opción del Sinn Féin. Por mucho que periódicamente se le acuse de participación en crímenes atribuidos al IRA hace cuarenta años, incluso con interrogatorios interminables en una comisaría norirlandesa detenido durante varios días, Adams siempre queda libre sin cargos y continúan creciendo su popularidad en las encuestas y sus votos en las urnas.

Hacia el final del bipartidismo

El peculiar sistema bipartidista nacido en la guerra civil de 1922 no ha soportado el hundimiento del Tigre celta. De hecho, Fianna Fáil, el partido de Éamon de Valera, hegemónico durante los últimos ochenta años, tras haber personificado el milagro económico se ha desplomado electoralmente al identificarse con las impopulares medidas recetadas por la Troika para salir de la crisis financiera y económica y especialmente con el humillante rescate. En las elecciones de 2011 perdió 24 puntos, quedando reducido al tercer puesto con solo un 17%, un partido que nunca había quedado por debajo del 35% en ocho décadas. Desde entonces el Fianna Fáil, nacionalista y populista, que ha derivado del centroizquierda en los años treinta al centroderecha actual, intenta rearmarse como referencia de la oposición, bajo la nueva dirección de Micheal Martin, aunque sin éxito. Según las encuestas, se mantiene en el tercer lugar sin ninguna mejora significativa en intención de voto.

Por su parte, Fine Gael, el partido conservador y no nacionalista fundado por los seguidores de Michael Collins, que actualmente gobierna en coalición con el Partido Laborista, está sufriendo un notable desgaste: perdería once puntos según la encuesta citada, bajando del 36% en 2011 al 25% hoy, aunque podría resultar ganador. Pensemos que queda aún un año para la convocatoria electoral y que Irlanda podría haber pasado ya lo peor. Los datos macroeconómicos hablan de que se habría recuperado la senda del crecimiento, aunque el empobrecimiento de la sociedad irlandesa es bien palpable.

El tradicional partido bisagra, el Labour Party, que en los anteriores comicios rompió el bipartidismo, colándose como segunda fuerza con un 19,4% de los votos y 32 escaños, estaría sufriendo un auténtico descalabro en las encuestas, cayendo al 6%, pagando caro su opción de entrar a gobernar. Esa lección debería aprenderla bien el Sinn Féin, principal beneficiario de la debacle laborista.

El escenario que anuncian los sondeos es de un sistema de tres partidos, probablemente en transición, en el que en estos momentos habría un empate técnico entre el Fine Gael y el Sinn Féin, quedando en tercer puesto el Fianna Fáil. Resulta impensable ahora tanto un pacto entre los antiguos adversarios (una gran coalición entre el viejo bipartidismo FG-FF que garantice sus compromisos con la UE) como un acuerdo entre nacionalistas (entre SF y FF para recuperar la soberanía perdida y renegociar la deuda). Tampoco podemos descartar que del auge creciente de los independientes y de partidos minoritarios pueda surgir alguna nueva fuerza relevante en la próxima legislatura: basta con ver la progresión de Independientes y Otros desde el 3% y los 5 escaños en 2007 al 14,7% y los 19 escaños en 2011, apuntándose en las últimas encuestas la expectativa de doblar sus votos.

En este contexto complejo Gerry Adams ha sido entrevistado en el programa de radio Newstalk Breakfast. Preguntado si el Sinn Féin estaría dispuesto a participar en un gobierno como en el Norte, donde Martin McGuinness ocupa el cargo de viceprimer ministro, Adams se ha negado a descartar que pueda convertirse en Taoiseach (Primer Ministro de la República de Irlanda): «El partido decidirá eso. Fui yo quien propuso a Martin (McGuinness) para el cargo de viceprimer ministro. Pensé que iba a hacer el trabajo mejor que yo, y mi objetivo es seguir construyendo el Sinn Féin».

Lo que sí ha descartado rotundamente es que después de las próximas elecciones el Sinn Féin se convierta en socio minoritario en un gobierno de coalición: «Tenemos que conseguir el mayor mandato posible. El tamaño de nuestro mandato determinará qué influencia tendremos en la formación de un gobierno, y determinará qué fuerza tenemos en la formación de un programa de gobierno. Nunca he cuantificado nuestro objetivo. Todavía somos un partido que se está desarrollando, es algo muy difícil desarrollar la capacidad y las estructuras y obtener fondos. Desde luego, no vamos a entrar con cualquiera (al gobierno) como socio minoritario. No vamos a hacer como el Partido Laborista, que buscó un mandato para hacer exactamente lo contrario de lo que se habían comprometido a hacer. Cualquier promesa que hagamos la vamos a cumplir. No vamos a hacer promesas que no podamos cumplir».

El espectacular crecimiento del Sinn Féin, sin duda el partido irlandés más popular fuera de la isla, no solo podría suponer un giro a la izquierda en materia socioeconómica y un nuevo desafío para la receta económica dictada desde Berlín para toda la Eurozona, sino también pondría en la agenda política el debate sobre la unidad irlandesa como nunca antes: Si el Sinn Féin gobernara en toda Irlanda, norte y sur, precisamente en 2016, coincidiendo con el centenario del Levantamiento de Pascua, embrión de la independencia irlandesa, su intención nada oculta sería convocar un referéndum para anular la Partición y devolver la unidad política a Irlanda. El interés del horizonte 2016 en Irlanda está servido.

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