Victoria pírrica de Enda Kenny (mi análisis electoral en The Southern Cross)

[Acaba de salir un artículo mío sobre el análisis de las últimas elecciones de la República de Irlanda en el número de marzo de 2016 de The Southern Cross, periódico mensual de la comunidad irlandesa de Argentina.]

Victoria pírrica de Enda Kenny

La austeridad le pasa factura al Gobierno irlandés

El bipartidismo histórico FG-FF baja del 50% por primera vez desde 1922

kenny se muerde las uñasChesús Yuste (para TSC). El pasado 26 de febrero la ciudadanía de la República de Irlanda castigó la política de austeridad impuesta durante los últimos cinco años para pagar el rescate de la Troika. Igual que en 2011 castigó al gobierno Fianna Fáil-Partido Verde por la crisis financiera y por solicitar el rescate, en esta ocasión el damnificado en las urnas ha sido el gobierno de coalición Fine Gael-Partido Laborista a pesar de las cifras de recuperación económica que ha podido presentar. Si en las anteriores elecciones generales el antaño partido hegemónico Fianna Fáil (centrista y nacionalista) perdió más de la mitad de sus votos (pasando de un 41% a un 17%) y su socio minoritario verde desapareció del Parlamento, en esta ocasión los estragos no han sido menores. Aunque el Fine Gael (conservador y no nacionalista) del primer ministro Enda Kenny puede consolarse por haber logrado repetir como fuerza más votada, no puede ignorar que ha perdido más de 250.000 votos (casi un tercio de sus apoyos de 2011: del 36,1% al 25,5%), mientras que su socio, el Partido Laborista de la viceprimera ministra Joan Burton, ha perdido casi 300.000 votos (las dos terceras partes de su resultado en las anteriores elecciones, desplomándose del 19,4% al 6,6%). De ser la segunda fuerza con 33 escaños, el Labour pasa al cuarto lugar con solo 6; y aun así, Burton se niega a dimitir. Si el FG se considera vencedor, habrá que hablar de victoria pírrica. El desgaste gubernamental es notorio. Son los dos únicos partidos que retroceden. No solo resulta imposible repetir la coalición, sino que Kenny tendrá muy complicado tejer nuevas alianzas que le garanticen un gobierno estable.

El resto de fuerzas políticas crece precisamente a costa de ambos socios de gobierno. El que más incrementa sus apoyos, aunque de forma insuficiente para desbancar al Fine Gael, es el Fianna Fáil de Micheál Martin. Logra un 24,3%, quedando a apenas un punto del ganador. La ligera recuperación del FF le consolida como segunda fuerza frente a la amenaza que suponía el auge del Sinn Féin (de izquierda y nacionalista). Desde este segundo puesto se asegura el papel de líder de la oposición o quizá de decisivo socio de gobierno si termina aceptando una gran coalición con su histórico enemigo, el FG. Lo que parece imposible es que pueda articular una mayoría alternativa para encabezar un gobierno, ya que a priori el SF ha descartado pactar con cualquiera de los dos partidos mayoritarios.

La crisis económica se está llevando por delante el sistema bipartidista histórico emanado de la guerra civil. Por primera vez en noventa años la suma de Fine Gael y Fianna Fáil no supera el 50% de los votos. Ante la fragmentación del arco parlamentario (ahora habrá 8 partidos con representación, además de un nutrido y variopinto grupo de independientes), los dos partidos que se han repartido el poder en la historia de la Irlanda independiente se encuentran ante el reto quizá imposible de intentar sumar una mayoría multipartita o el desafío de gobernar juntos, si no quieren volver a las urnas en breve. Lo cierto es que hoy en día Fine Gael y Fianna Fáil ocupan el espacio del centroderecha y comparten el sometimiento a la receta neoliberal impuesta por la Troika (la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional); sin embargo, las raíces de su origen en la guerra civil les convierte en socios imposibles: el Fine Gael fundado por los seguidores de Michael Collins defendió el tratado de paz angloirlandés que consagró la partición de la isla, mientras el Fianna Fáil de Éamon de Valera se opuso al tratado y a la partición. Un siglo después, muchos electores no entienden que se esfuercen en aparentar diferencias.

La consolidación del Sinn Féin en la política de la República

La crisis del establishment, según las encuestas de los últimos años, iba a convertir al Sinn Féin de Gerry Adams, el antiguo brazo político del IRA Provisional, en alternativa de poder en la República de Irlanda. Incluso se especulaba con que en 2016, en el centenario del Levantamiento de Pascua («la rebelión del Sinn Féin», como tituló The Irish Times hace un siglo), embrión de la independencia irlandesa, pudieran coincidir gobiernos con la presencia del Sinn Féin tanto en Dublín como en Belfast. A lo largo del año pasado y el anterior, las encuestas le pronosticaban al SF duplicar sus votos hasta alcanzar un respaldo superior al 20%, colocándole como segunda fuerza e incluso, en junio de 2014 y febrero de 2015, como ganador con un 26%. Sin embargo, aunque el Sinn Féin ha crecido bastante (del 9,9% al 13,8%), lo ha hecho por debajo de las expectativas levantadas antes de la campaña electoral, e incluso ha retrocedido si comparamos estos resultados con los de las europeas de hace dos años (entonces SF obtuvo su récord en la República de Irlanda: 323.300 votos, un 19,5%).

A pesar de eso (o quizá para contrarrestar la decepción), Gerry Adams ha hablado de “cambio sísmico en la política irlandesa”. Y ha apelado a seguir trabajando: “Una cosa es cierta: Este cambio continuará. Solo es cuestión de tiempo antes de que sea elegido un gobierno progresista. Esta ha sido la campaña de mayor éxito del Sinn Féin en mi vida y hemos incrementado nuestros votos en al menos un 50%”.

El Sinn Féin era el único de los cuatro principales partidos que cuestionaba la política de austeridad y se proponía a sí mismo como única alternativa (encabezando una nueva mayoría junto a partidos minoritarios e independientes). Sin embargo, en campaña ha sufrido un gran desgaste. Todos los demás partidos han concentrado sus esfuerzos en atacar al SF y a su líder. A Gerry Adams le han acusado de incapacidad para abordar la política económica, de hacer declaraciones ambiguas en relación con la eliminación del impuesto del agua (un compromiso fundamental de su partido) y, sobre todo, le han acusado de su relación con el IRA y de crímenes cometidos hace cuarenta años. El periodista Paul Williams ha llegado a decir que “los únicos que votarán al Sinn Féin son los traficantes de drogas, los asesinos, los secuestradores y los terroristas”. Semejante acusación es un buen ejemplo de la campaña del miedo que se ha desplegado contra el SF. Probablemente esa estrategia de desprestigio a cargo de sus adversarios haya obligado a los candidatos del SF a dedicar demasiado tiempo a responder descalificaciones en lugar de a exponer su propio programa.

Sin duda, el carisma de Gerry Adams (67 años) ha permitido hasta ahora la implantación del Sinn Féin en toda la isla, pero en estos momentos en que otros rostros asumen más protagonismo, como la vicelíder Mary Lou McDonald (Dublín, 46 años) o el portavoz económico Pearse Doherty (Donegal, 38 años), los medios de comunicación apuntan a que otro candidato acabaría con las incómodas preguntas sobre la guerra del Norte y lograría mejorar los resultados en las urnas. No obstante, Adams ha anunciado su intención de seguir liderando el grupo parlamentario del SF esta legislatura.

En todo caso, el Sinn Féin se consolida como referencia de la izquierda y, aunque ha quedado tercero, tal vez le corresponda encabezar la oposición, lo que le permitirá continuar creciendo de cara a gobernar en el futuro inmediato. Así lo había declarado Gerry Adams a la agencia Reuter: “La gente se ha politizado y se ha radicalizado a causa de las medidas de austeridad. Está claro que Sinn Féin llegará al Gobierno en algún momento de la próxima década. No hay ninguna duda de eso”. “La certeza de que Fine Gael y Fianna Fáil dominaban la política… eso se ha acabado”. Adams ha añadido que el eslogan electoral del Fine Gael, “Seguir con la Recuperación”, no funciona sencillamente porque la gente no ha visto ninguna mejoría durante estos años. “No han notado ninguna mejoría porque las medidas de recuperación no les ha beneficiado a ellos”, ha dicho.

La irrupción de nuevos partidos a derecha e izquierda

El rechazo a la política de austeridad ha favorecido la irrupción de un abanico de pequeños partidos nuevos. En la derecha destaca la Alianza Independiente del veterano exsenador y exeditor de negocios del Sunday Independent Shane Ross, con 4 escaños, que aspira a convertirse en socio de gobierno de Fine Gael. En cambio, ha naufragado Renua, el partido liberalconservador de la exministra de FG Lucinda Creighton, que no ha obtenido ningún escaño, quedando fuera del Parlamento.

En la izquierda, destaca la coalición de grupos de extrema izquierda Alianza Anti Austeridad-People Before Profit, con 5 escaños, y el partido Social Democrats, con 3 escaños. Por otra parte, el Partido Verde, que ahora lidera Eamon Ryan, vuelve con 2 parlamentarios tras la debacle sufrida en 2011, en la que perdió su representación (6 escaños) tras haber sido socio de Fianna Fáil en los gobiernos de Bertie Ahern y Brian Cowen desgastados por la crisis financiera.

Además, la 32ª Dáil va a contar con un amplio y diverso grupo de 16 independientes, que se ven favorecidos por el sistema de voto personal transferible que prima a los individuos frente a los partidos y que favorece a las segundas opciones de cada elector. Los hay de izquierdas, como los agrupados en torno a ‘Independents 4 Change’ (Clare Daly, Joan Collins o el pintoresco expromotor inmobiliario Mick Wallace). Pero también de centroderecha, como los exparlamentarios de Fine Gael (como Michael Lowry) o de Fianna Fáil (como Mattie McGrath) que buscan la aventura en solitario. O el curioso caso de los hermanos Michael y Danny Healy-Rae, que han “heredado” el escaño de su padre por Kerry. Unos y otros podrían ayudar a completar una mayoría parlamentaria.

Conclusión: Una etapa de incertidumbre

Sin duda, el fragmentado Parlamento de Dublín nos aboca a un período de incertidumbre. Enda Kenny ha anunciado que no se plantea dimitir como Taoiseach (primer ministro) y va a apurar sus opciones de sumar apoyos en busca de los 80 escaños que garantizan la mayoría absoluta. De entrada, ya ha rechazado una gran coalición con sus antagonistas de Fianna Fáil. En eso han coincidido varios electos tanto del FG como del FF. Los analistas hablan de un “parlamento colgado”, como en España, incapaz de elegir gobierno. ¿Podrá Bruselas imponer una gran coalición si peligran las recetas impuestas por la Troika? ¿O tendrán que convocar elecciones anticipadas en seis meses?

 

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