‘Cré na Cille’ de Máirtín Ó Cadhain, el libro que aterrorizaba a los traductores

Máirtín Ó CadhainEl escritor en lengua irlandesa Máirtín Ó Cadhain (1905-1970) vio rechazada en 1948 su primera novela, “Cré na Cille” (“arcilla de cementerio”), por un editor que la calificó como demasiado “joyceana”. Sin embargo, no era un cumplido: era la forma en que una editorial mojigata llamaba a un libro “malhablado” y subido de tono, según cuenta William Brennan en The New Yorker. En 1949, el Irish Press la publicó como un serial a nivel nacional durante siete meses, y al año siguiente la editorial Sáirséal agus Dill lanzó una versión encuadernada. El libro se convirtió en la comidilla del mundo de habla irlandesa. Hoy en día, “Cré na Cille” se considera joyceana en un sentido menos eufemístico. El escritor Colm Tóibín considera que es “la mejor novela escrita en lengua irlandesa, y entre los mejores libros de Irlanda en el siglo XX”. Los estudiosos de la literatura irlandesa la aclaman como “una obra maestra” y “una de las obras más destacadas de la literatura europea contemporánea”. El crítico literario Seán Ó Tuama en 1972 puso la prosa de Ó Cadhain a la altura de Beckett y Joyce.

Pero durante casi setenta años, la obra más grande de Ó Cadhain permaneció inaccesible para casi todos los lectores irlandeses, porque estaba escrita en gaélico irlandés —un idioma muy minoritario en la isla— y nunca había sido traducida al inglés. El contrato entre el escritor y la editorial preveía la posibilidad de la traducción del libro dos años después de su publicación, pero la calidad tenía que ser aprobada por Ó Cadhain. Hubo varios intentos de traducir la novela, pero nadie logró transmitir toda la riqueza y complejidad del lenguaje del autor. Brennan sostiene que el prominente ejemplo del modernismo irlandés fue víctima de su propia reputación y la mayoría de los traductores tenían miedo de no lograr traducirlo a la perfección, ya que se daban cuenta de que se trataba de una obra comparable al ‘Ulises’ de James Joyce.

Como sobrecorrección de este lapso histórico, Yale University Press, junto con la editorial de lengua irlandesa Cló Iar-Chonnacht, ha publicado ahora no una, sino dos traducciones al inglés. Por primera vez, los angloparlantes no instruidos en la lengua irlandesa pueden experimentar la exquisita vulgaridad del libro de Ó Cadhain, y tal vez empezar a comprender la reputación exaltada que ha tenido entre los lectores irlandeses durante décadas. Las dos versiones en inglés son: ‘The Dirty Dust’, traducida por Alan Titley en 2015, y ‘Graveyard Clay’, traducida por Liam Mac Con Iomaire y Tim Robinson en marzo de 2016, utilizando un lenguaje más moderado que la primera.

Todos los personajes de “Cré na Cille” están muertos. No son fantasmas o espíritus, sino más bien cadáveres confinados en ataúdes, charlando enterrados en un cementerio en la costa oeste de Irlanda durante la Segunda Guerra Mundial. Han dejado atrás un mundo de privación rural, un lugar donde los agricultores pobres y de habla irlandesa se ganan la vida vendiendo algas y bígaros y engatusando a las patatas de suelo rocoso. El libro no tiene argumento y se desarrolla por completo a través de los diálogos. Docenas de voces se dan a conocer a través de una invocación tortuosa de quejas y chismes: el Gran Maestro, un maestro de escuela altivo, declara a su viuda “ramera” al enterarse de que ella se volvió a casar rápidamente después de su muerte; Nora Johnny, una mujer que una vez pasó noches escandalosa con los marineros en los clubes nocturnos de Galway, insiste en que ha encontrado “cultura” en la tumba; un vendedor de seguros se jacta de los aldeanos que estafó; una anciana insiste en que todavía estaría viva si hubiera tenido la fuerza para levantarse en medio del fuego que cayó un día; alguien promete en repetidas ocasiones lealtad a Hitler. Por encima de todos los demás se alza la voz de Caitriona Paudeen, una anciana viperina que ha despreciado mucho tiempo a su (aún viva) hermana Nell, por haberse casado con un hombre que ambas amaban.

Ó Cadhain sabía que escribir en un idioma que pocos leen limita su audiencia. “El escritor en irlandés, ya sea bueno, malo o indiferente”, declaró en una conferencia de 1969, “está escribiendo para su propia gente y sólo para su propia gente”. La “propia gente” de Ó Cadhain se parecía mucho a los personajes de “Cré na Cille” y él se dedicó intensamente a ellos. Nacido en 1906 entre agricultores pobres y de habla irlandesa en la abrupta costa oeste del país, Ó Cadhain escapó de la vida de escarbar duro de muchos de sus compañeros para convertirse en un maestro de escuela primaria. Activista socialista, fundó una organización en defensa de la tierra y el idioma de una población privada de sus derechos como hablantes de irlandés. También militó en el I.R.A., lo que motivó que le despidieran de su cargo de director de una escuela rural; y que fuera confiando en un campo de concentración para disidentes políticos durante la II Guerra Mundial. Hacia el final de su vida, un entrevistador le preguntó adónde creía que se dirigía el país. “Si perdemos la lengua irlandesa, perdemos nuestra literatura nativa”, respondió malhumorado. “Vamos a terminar como pueblo. La visión que tenía cada generación de los irlandeses llegará a su final”.

[Leer el artículo original íntegro en inglés en este enlace.]

 

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