“¿Ha llegado la hora de reunificar Irlanda?” (mi nuevo artículo en The Southern Cross)

[En el número de enero de 2017 de The Southern Cross, el periódico mensual de la comunidad irlandesa de Argentina se ha publicado mi artículo sobre el plan del Sinn Féin para abordar la reunificación de la isla de Irlanda].

¿Ha llegado la hora de reunificar Irlanda?

Chesús Yuste

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Parlamentarios del Sinn Féin en la Asamblea de Belfast y en el Parlamento de Dublín.

«Cuando Alemania se reunificó, no se derrumbó el cielo», declaró hace unas semanas una exdiputada norirlandesa de origen chino. El pasado 28 de noviembre el Sinn Féin ha presentado su documento Towards A United Ireland (Hacia una Irlanda Unida) [descargar en PDF]. Se trata del plan del movimiento republicano irlandés para, aprovechando el nuevo escenario abierto por el triunfo del Brexit en Inglaterra y Gales, poner en marcha los mecanismos recogidos en el Acuerdo de Viernes Santo que puso fin a décadas de guerra civil en el norte de Irlanda con el objetivo de decidir el futuro constitucional de la isla de Irlanda de forma conjunta y democrática.

El documento, de treinta páginas, cuenta con un prólogo del Presidente del Sinn Féin Gerry Adams, en el que por un lado se destaca la voluntad transversal de la gente del Norte de Irlanda (nacionalistas, unionistas y otros) de permanecer en la Unión Europea, expresada en el referéndum del Brexit del pasado mes de junio, mientras por otro se pone en valor el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 que «pone la futura posición constitucional en manos de la gente que comparte la isla», en una clara alusión al referéndum panirlandés previsto acerca de la cuestión fronteriza.

A juicio del Sinn Féin, el Brexit lo ha cambiado todo. Ha abierto una posibilidad de retomar el debate de la unidad irlandesa, precisamente cuando una parte importante del electorado unionista del Norte ha votado junto a la inmensa mayoría del electorado nacionalista en favor de permanecer en la Unión Europea. Esa voluntad transversal ha roto la línea roja que venía separando las dos comunidades. La imagen de ciudadanos unionistas reclamando pasaportes de la República de Irlanda para no perder la ciudadanía europea ha reforzado la vocación reunificadora de los republicanos irlandeses.

El partido de Gerry Adams, antiguo brazo armado del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA), aspira a superar cualquier sectarismo en la Nueva Irlanda, que va a requerir de nuevas relaciones: «Una Irlanda nueva y unificada será pluralista, inclusiva y al servicio de todas las personas en toda su diversidad. La tradición orangista es una tradición irlandesa y la identidad británica de muchas personas en el Norte debe encontrar acomodo en una Irlanda convenida y unida». En este sentido, el Sinn Féin propone elaborar una nueva Constitución que reconozca la identidad de los unionistas norirlandeses y la identidad cultural británica de un número significativo de personas en el Norte de Irlanda, así como eliminar de la Constitución cualquier influencia de una determinada iglesia o creencia. Tampoco se olvida, cuando menciona la política lingüística, de apoyar, junto a la lengua irlandesa, al escocés del Ulster (una lengua germánica que se habla en las tierras bajas de Escocia y entre la comunidad unionista de Irlanda del Norte).

El Sinn Féin ha centrado su propuesta en intentar seducir a los unionistas norirlandeses, a quienes aspira a convencer de las ventajas económicas e incluso políticas de formar parte de una Irlanda unida, donde tendrían más peso político que en el Reino Unido. Actualmente son apenas el 2% de la población del Reino Unido, una minoría periférica e irrelevente, al margen del sistema político imperante. Sin embargo, supondrían el 20% de la población de una Irlanda unida, una minoría significativa, con poder e influencia. «Quienes queremos la unidad irlandesa necesitamos abrirnos a considerar acuerdos transicionales», dicen los republicanos, que defienden la continuidad de la devolución de competencias desde Londres al gobierno de poder compartido de Stormont [sede de las instituciones autonómicas norirlandesas], dentro de una estructura panirlandesa, que no quieren especificar a priori, dejando abiertas varias opciones: «federal o confederal, un estado unitario o cualquier otro tipo de acuerdo».

En este sentido, el Sinn Féin se preocupará de que se implanten salvaguardias constitucionales para la minoría unionista, como la exigencia de mayorías cualificadas para legislar sobre asuntos fundamentales o como la garantía de un mínimo de escaños para los representantes unionistas en la Cámara Alta de la Irlanda unida.

La propuesta del SF busca tejer un abanico de complicidades con Londres y Dublín: «Una Irlanda convenida y unida favorecerá la mejora de las relaciones angloirlandesas, iniciando una nueva relación basada en la igualdad y el respeto mutuo». Pero sin olvidar los lazos transatlánticos, singularmente con Estados Unidos. Cualquier diálogo encaminado a la reunificación de Irlanda necesita implicar a la diáspora irlandesa. El nacionalismo irlandés no olvida a los 70 millones de descendientes de irlandeses repartidos por todo el mundo: desde los 670.000 residentes en Inglaterra nacidos en Irlanda hasta los cuarenta millones de estadounidenses de origen irlandés.

Tras las valoraciones políticas, el documento analiza los aspectos económicos, incluso con detalle, más allá de las generalidades habituales. Se parte de lo que denomina el precio de la Partición. La Partición de Irlanda en dos estados en 1920 cortó el crecimiento económico de la isla, lastrando al Sur al amputarle el Norte más industrializado, castigando especialmente a las regiones fronterizas al verse privadas de sus hinterlands naturales. El análisis alcanza hasta la actualidad, donde continúa siendo palpable la desventaja de contar con dos economías en una isla pequeña: «No hay ninguna ventaja para una pequeña isla-nación, de 6,4 millones de habitantes, en los márgenes de Europa, con dos sistemas fiscales separados, dos sistemas legales separados y dos programas de desarrollo económico en competencia». Resulta obvio reconocer que la Unidad irlandesa tiene sentido económico.

Pero, más allá de lo que nos pueda decir el sentido común, el Sinn Féin fundamenta el axioma de que «la unidad acelerará el crecimiento económico» en el trabajo del profesor Kurt Huebner, de la Universidad de Vancouver. Según sus estudios, la economía irlandesa combinada superaría en poco tiempo a la de las dos Irlandas separadas, por aproximadamente 35 mil millones de euros al año.

El documento repasa las ventajas de la unidad por sectores económicos: agricultura, agroalimentación, mercado energético, exportaciones, turismo y economía del conocimiento. Pero también supondría una mejoría para los servicios, especificando las ventajas en salud, educación, transportes, policía y justicia, deportes…

Todos los argumentos confluyen en una hoja de ruta hacia la Unidad irlandesa, basada en el derecho de todos los irlandeses a decidir el futuro de la isla que comparten, tal como se recoge en el Acuerdo de Viernes Santo. Esa vocación incluyente es fundamental para lograr la ansiada reunificación: El Sinn Féin reconoce que el tipo de construcción nacional y de reconciliación por la que ellos trabajan no implica la inclusión sin más del Norte «en el actual statu quo político, cultural y económico del Sur, sino la creación de una nueva Irlanda acordada entre todos los que comparten la isla».

Gracias al proceso de paz, ya existe un mecanismo que permite alcanzar la unidad de la isla y el partido republicano emplaza a todos los partidarios de la unidad irlandesa a actuar juntos para impulsarla. Para ellos, el Sinn Féin defiende «un diálogo informado, razonado y respetuoso sobre el referéndum de unidad» previsto en el Acuerdo de Viernes Santo.

La hoja de ruta insta al gobierno irlandés a preparar un auténtico plan para la unidad. El siguiente paso debería ser la creación en el Oireachtas [parlamento bicameral de la República de Irlanda] de un grupo de trabajo formado por todos los partidos para implementar un Libro Verde de la unidad irlandesa. Además, el SF reclama la creación de servicios públicos paninsulares, incluido un  Servicio Nacional de Salud paninsular, que desarrollen un denominado ‘Plan de Inversión y Prosperidad Irlanda Unida’.

El documento no olvida la experiencia frustrada del Foro de la Nueva Irlanda, que en 1983/84 intentó sin éxito abrir un debate para superar la partición. Aquel Foro fracasó porque excluyó al Sinn Féin y porque sufrió el veto británico a cualquier cambio constitucional. Sin embargo, desaparecido ya ese veto británico, el cambio constitucional está ahora en manos del pueblo de Irlanda, Norte y Sur. «Ahora es el momento para que todos los partidos que apoyan la unidad irlandesa avancen juntos para diseñar el camino a una nueva, convenida e inclusiva Irlanda unida, una Irlanda que se construya sobre la igualdad, se centre en la ciudadanía  y resulte inclusiva», concluye el documento. Ahora es el momento, insisten.

Quizá alguien pueda pensar que estamos ante un desiderátum nacionalista en el centenario del Levantamiento de Pascua. Sin embargo, no podemos olvidar que el Sinn Féin es el segundo partido en el Norte, donde cogobierna con los unionistas más duros, y el tercero en el Sur, pero que sería la fuerza más votada en el conjunto de la isla, sumando norte y sur, tal como pudo comprobarse en las últimas elecciones al Parlamento Europeo.

Para quienes seguimos la actualidad irlandesa, puede no resultar novedoso el argumentario del Sinn Féin, que lleva décadas realizando un discurso no sectario, incuso cuando el IRA todavía perpetraba atentados que podían ser considerados como sectarios. No es nuevo que Gerry Adams califique a los unionistas como «los hijos pródigos del nacionalismo irlandés», por ejemplo. La novedad estriba en la sistematización de todos los datos y en la seriedad de la formulación. La propuesta reunificadora resulta enormemente verosímil. ¿La razón económica puede pesar más que la identidad nacional probritánica de los unionistas? ¿Podrá el interés en disponer de un pasaporte europeo hacer más por la unidad irlandesa que todas las campañas armadas del IRA? Unionistas y nacionalistas, antiguos enemigos tras treinta años de guerra civil y con 3.500 víctimas mortales por ambos bandos, ¿podrán caminar juntos hacia una nueva República para todos? La torpeza de David Cameron, al convocar el referéndum sobre el Brexit, ha alterado el statu quo norirlandés: ¿Se convertirá en realidad el sueño del protestante Theobald Wolfe Tone, padre del republicanismo irlandés, que buscaba unir bajo la bandera tricolor a todos los irlandeses, fueran católicos, protestantes o disidentes? Es probable que quede mucho camino por recorrer, pero las fronteras artificiales que dividen los pueblos terminan cicatrizando. El debate de la frontera está más vivo que nunca en Irlanda del Norte, y sin disparar un solo tiro.

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