Irlanda y los irlandeses en el cine popular (1910-1970)

irlanda-y-los-irlandeses-en-el-cine-popular-1910-1970-600Editorial Amarante acaba de publicar el ensayo de Carlos Menéndez Otero, profesor en la Facultad de Comercio, Turismo y Ciencias Sociales “Jovellanos” de la Universidad de Oviedo, Irlanda y los irlandeses en el cine popular (1910-1970). Doctor en Filología Inglesa y en Comunicación Audiovisual y Periodismo, las líneas de investigación principales de Menéndez Otero están relacionadas con la industria audiovisual irlandesa y el cine clásico angloamericano sobre Irlanda, aunque también ha elaborado más de 25 trabajos académicos sobre doblaje, series de televisión, y sociedad, cultura e historia irlandesas.

Irlanda ha sido un importante referente del cine popular, en especial, el de la primera mitad del siglo XX. La histórica inestabilidad de la isla y, sobre todo, la importante influencia de su diáspora en Estados Unidos han sido factores determinantes para esta (sobre)representación, que se estudia desde una perspectiva metodológica basada en la alternancia de la consideración del hecho cinematográfico y la del fílmico, y que tiene en los largometrajes de tema irlandés —muy particularmente, “El delator” (1935) y “El hombre tranquilo” (1952) de John Ford— sus principales estudios de caso.

Estructurada en tres partes, esta monografía analiza en primer lugar la representación de Irlanda y los irlandeses en el cine primitivo y los años de transición al clasicismo silente, con atención especial a los melodramas históricos que Kalem produjo “on location” en Killarney y su radical distanciamiento de los estereotipos cómicos dominantes hasta entonces. El texto aborda a continuación la paulatina desaparición de Irlanda del cine popular en los años 20, coincidiendo con un largo período de conflicto en la isla y ansiedad asimilacionista en la diáspora.

La segunda parte estudia la representación de Irlanda y los irlandeses en la era dorada de Hollywood y su relación con: 1) los modos de producción y géneros canónicos del sistema de estudios, 2) la pulsión nostálgica que permea la cultura popular durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, 3) la indeleble tensión entre asimilación y diferencia de la comunidad Irish-American, 4) la creciente capacidad de influencia de la diáspora y su traslación al Código de Producción, y 5) la gran popularidad de actores y directores de origen irlandés.

La última parte explica de forma sucinta la evolución de la representación fílmica de Irlanda durante las dos décadas posteriores al inicio de la crisis del sistema de estudios, en las que conviven largometrajes que ofrecen un positivo retrato folklórico-romántico de la isla con otros que, influidos por la cultura popular británica y su tradicional visión fatalista del país vecino, utilizan una estética realista para construir una Irlanda distópica e irracional.

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