Empate en Stormont: el rejuvenecido Sinn Féin deja al DUP sin ventaja

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Aquí tenéis los resultados definitivos de las elecciones a la Asamblea autonómica de Irlanda del Norte ubicada en Stormont. Ayer ya hablábamos de la participación de récord, del resultado histórico del Sinn Féin, del éxito de la renovación generacional (y de género) del partido de Gerry Adams y Martin McGuinness y del empate técnico en número de votos entre los dos partidos más votados (DUP y SF). Hoy, con el reparto completo de escaños (tras los numerosos recuentos a que obliga el voto personal transferible), que sitúa al DUP por delante del SF por solo un escaños (28-27), podemos añadir alguna reflexión más:

Entre la reforma electoral (que ha reducido los escaños de 108 a 90, pasando de distritos de 6 escaños a distritos de 5) y el notable desgaste de la primera ministra Arlene Foster del DUP (por el escándalo de las renovables y por su apuesta por un Brexit duro), la amplia ventaja que tenían los partidos unionistas sobre los nacionalistas se ha volatilizado. Los 18 escaños eliminados han resultado ser prácticamente unionistas (10 del DUP y 6 del UUP), frente a uno perdido por el SF y otro por los trotskistas de People Before Profit. La primera conclusión es que ha desaparecido la mayoría absoluta de que gozaban los unionistas en la Asamblea: de 56 (DUP. UUP. TUV y la independiente) sobre 108 pasamos a solo 40 sobre 90.

Es más, al quedar por debajo de los 30 escaños, el DUP, aunque sigue siendo el partido más votado, pierde el derecho de veto, lo que podría permitir que se aprobara cierta legislación progresista con el respaldo de la mayoría de la Asamblea, como por ejemplo la ley del matrimonio igualitario.

Ahora DUP y SF, obligados por la legislación norirlandesa, deberán ponerse de acuerdo para compartir el gobierno. Si no, Londres podrá suspender la autonomía. El líder nacional del SF, Gerry Adams, ha sugerido que los unionistas podrían sustituir a la cuestionada Arlene Foster como candidata a primera ministra. Sin duda, eso facilitaría el acuerdo. Pero Foster, a pesar del fracaso electoral, no piensa dimitir. Adams le ha recordado una frase que solía repetirle el fundador del DUP, el reverendo Ian Paisley, a McGuinness: “No necesitamos a los ingleses para gobernarnos”.

¿Se pondrán de acuerdo unionistas y republicanos? ¿Descarrilará el autogobierno norirlandés y, con él, el proceso de paz? Ayer vivimos un hecho que parecía impensable: que el SF, el antiguo brazo político del IRA, pudiera ser el partido más votado en Irlanda del Norte en elecciones autonómicas (ya lo había sido anteriormente en las europeas) y que un republicano (una republicana que no vivió el conflicto, como Michelle O’Neill) pudiera ser primera ministra del Norte de Irlanda. Militantes del SF ya han sido alcaldes de Belfast, presidentes de la Asamblea de Stormont y viceprimeros ministros… En esta jornada histórica a los republicanos solo les han faltado dos décimas y un escaño para arrebatarle la cabeza del gobierno al unionismo arrogante y discriminatorio que encarna del DUP.

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