El veto del DUP a la frontera blanda en Irlanda podría facilitar un Brexit suave

may y tuskEn la Unión Europea las negociaciones siempre se producen al límite. Y hasta tienen la costumbre de detener el reloj para que sus saetas no superen los plazos improrrogables. La negociación del Brexit no va a ser una excepción. Una vez más Irlanda del Norte se ha convertido en el obstáculo, en el problema principal, en el escollo que le quita el sueño a la premier británica. El otro día, cuando Theresa May y Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo, lograron por fin alcanzar un principio de acuerdo en relación con la frontera norirlandesa, única frontera terrestre entre el Reino Unido y la UE, alguien utilizó el veto. El acuerdo reconocía que la única manera de evitar una frontera física, “dura”, que dividiera la isla de Irlanda, consistía en mantener a Irlanda del Norte en la UE en cuanto a mercado único y unión aduanera. Algo que contaba con el apoyo de Dublín y de la mayoría de los electores norirlandeses, que rechazaron el Brexit en el referéndum. Sin embargo, el DUP, la extrema derecha que es la fuerza más votada en Irlanda del Norte y que se ha convertido en socio imprescindible para la gobernabilidad de los conservadores de Theresa May, ha vetado el acuerdo. Arlene Foster, la líder unionista, exige salir de la UE junto a Gran Bretaña, aunque esa decisión contradiga la voluntad mayoritariamente expresada en las urnas por la ciudadanía norirlandesa.

La extrema debilidad del gobierno Tory parece impedir cualquier salida mínimamente razonable al laberinto del Brexit. Mientras se movilizan quienes reclaman un nuevo referéndum para permanecer en la UE, los gobiernos autónomos de Escocia, Gales y Londres piden mantenerse en el mercado único si esa es la solución que se le aplica a Irlanda del Norte.

El veto del DUP ha dado alas a los partidarios de un Brexit suave, que defienden que la única solución pasa por mantener a todo el Reino Unido en el mercado único y la unión aduanera. Recordemos que Dublín, velando por la vigencia de los acuerdos de paz de 1998, va a vetar cualquier acuerdo que no garantice la inexistencia de una frontera física entre el norte y el sur de Irlanda. Si el DUP solo puede dar por bueno un Brexit que garantice la misma regulación entre el Norte de Irlanda y Gran Bretaña, la única salida posible, la única solución al sudoku, sería el Brexit blando. Voces cualificadas del Partido Conservador están coincidiendo ya con los portavoces de la oposición.

El mismo ministro responsable del Brexit, David Davis, ha reconocido en Westminster que cualquier alineamiento regulatorio que se diseñe para evitar una frontera en la isla de Irlanda se aplicará al conjunto de Reino Unido, y que el Gobierno no contempla una solución a medida para Irlanda del Norte. Añadió que “alineamiento no es lo mismo que armonización”.

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