“El Brexit es una oportunidad para los disidentes republicanos en Irlanda del Norte”

Ayer en La Vanguardia se ha publicado esta entrevista con la profesora Marisa McGlinchey, en la que se analiza la realidad de los disidentes republicanos opuestos al proceso de paz de Irlanda del Norte, que han irrumpido de nuevo en la actualidad por el asesinato de la periodista Lyra McKee en Derry la semana pasada. 

“El Brexit es una oportunidad para los disidentes republicanos en Irlanda del Norte”

Marisa McGlinchey resalta que el Nuevo IRA no buscaba matar a la periodista Lyra Mckee sino “publicidad” y apunta que la violencia siempre ha existido en los últimos años y no hay un repunte alarmante

marisa mcglinchey

Iñaki Pardo Torregrosa, Barcelona. 27/04/2019. Los disidentes del Nuevo IRA mataron la pasada Semana Santa a la periodista de 29 años Lyra McKee en medio de incidentes con la Policía de Irlanda del Norte (PSNI) en Derry, en el barrio de Creggan, un bastión republicano. Hubo condena de todos los actores políticos del Ulster y de toda Irlanda; tras ello la organización señaló en un comunicado que fue un “accidente” y se disculparon con sus allegados. Las autoridades hablaron del surgimiento de “un nuevo tipo de terrorista” y dieron la voz de alarma. También se ha vinculado la actividad de las organizaciones disidentes al Brexit, pero Marisa McGlinchey, profesora de la Universidad de Coventry, señala que esa violencia siempre ha estado latente y de forma “sostenida en el tiempo” aunque tuviera un nivel bajo de actividad. Es una de las voces autorizadas para hablar de la cuestión. Acaba de publicar Unfinished Business: The Politics of ‘Dissident’ Irish Republicanism un libro sobre los disidentes del republicanismo irlandés que no aceptan los Acuerdos de Paz del Viernes Santo de 1998 que pusieron fin al conflicto sangriento en la región, The Troubles. Nacida en el oeste Belfast, en la zona católica, la profesora se ha entrevistado con más de 90 disidentes, con algunos de ellos en la cárcel de Maghaberry, durante cinco años.

McGlinchey explica que el Nuevo IRA es “parte del llamado grupo de disidentes republicanos y son una organización armada”. “Ellos no se definen como Nuevo IRA sino como IRA. Rechazan la etiqueta de ‘nuevo’ y dicen continuar con la larga campaña republicana para lograr la reunificación de Irlanda”, apunta. En la muerte de McKee hay un dato que no es baladí. Las dos primeras personas detenidas por su muerte eran dos jóvenes que no habían nacido cuando se cerraron los acuerdos de hace 21 años que llevaron estabilidad y paz a la convulsa región, donde había habido más de 3.500 muertos durante los conflictos.

La organización se formó en 2012 y reúne a miembros del Real IRA -una escisión del IRA Provisional (PIRA) de 1997, antes de que se rubricaran los acuerdos de paz-, miembros del grupo Acción Republicana Contra las Drogas (RAAD) –aquellos que pegaban un tiro en la rodilla a los traficantes en los barrios católicos–, un grupo formado por excombatientes del IRA Provisional que iniciaron una batalla contra el narcotráfico y eran particularmente activos en la zona de Derry, y por Facciones Republicanas Independientes, un conjunto de grupos combatientes que persigue la reunificación y están ubicados en Belfast y otras zonas rurales. McGlinchey no menciona entre ellos a los disidentes del IRA Continuidad, una escisión del PIRA de 1998, que sigue al margen.

“Se cree que Saoradh, un partido fundado en 2016, es su brazo político, pero estos niegan la relación con el Nuevo IRA”, añade la profesora sobre la formación izquierdista y republicana, cuya traducción del gaélico es Liberación. El partido también lamentó la muerte de la periodista McKee y la calificó de “accidente”, no sin reprochar las incursiones policiales en Derry.

Tradicionalmente el IRA había contando con el respaldo de la comunidad católica, pero no es el caso del Nuevo IRA. “Su apoyo es mínimo entre la comunidad republicana, que sigue optando por el Sinn Féin de forma mayoritaria en Irlanda del Norte”, detalla McGlinchey. “Lo respaldan una combinación de exmiembros del IRA Provisional, republicanos tradicionales y jóvenes de lugares como Derry, Belfast, Strabane o Armagh, donde tienen más actividad. Aunque hay varios factores involucrados, el apoyo tiende a ser más fuerte donde la privación económica es más alta”, detalla.

McGlinchey subraya como ejemplo “la repulsa” que ha tenido la muerte de la periodista en la comunidad republicana y en toda Irlanda. “También hemos visto condenas de los llamados disidentes que han rechazado la acción del Nuevo IRA”, sostiene. Pone de relieve que se cancelaron los actos de conmemoración del Alzamiento de Pascua en Derry, también por parte de Saoradh.

Opina que ahora tanto el Nuevo IRA como su brazo político “estarán bajo presión y se les pedirá responsabilidades, como pasó después del atentado de Omagh en 1998”. “Es una cuestión significativa, ahora están bajo presión también en la comunidad católica”, resalta. Aquel ataque del Real IRA dejó 29 muertos unos meses después de la firma de los acuerdos de paz.

Con todo, McGlinchey admite que McKee no era el objetivo del grupo, que protestaba tras los registros en el barrio días antes de los actos conmemorativos del Alzamiento de Pascua, que propició la independencia de Irlanda de Reino Unido. “Fue en ese contexto en el que saltó la violencia. Creo que esperaban publicidad de los enfrentamientos con la policía”, valora la profesora. Algunos medios han señalado que el grupo disidente Nuevo IRA, que ha llevado a cabo otras acciones en los últimos meses como enviar cartas bomba a Londres o hacer explotar un coche en Derry en enero, buscaba visibilidad ante las cámaras de la cadena MTV durante una serie de reportajes que rueda en la región por el Brexit.

Ante este escenario la pregunta es obligada: ¿Hay riesgo real de que haya más violencia en la región? “Si nos fijamos en la valoración de la situación de seguridad que hace la Policía de Irlanda del Norte en la última década siempre es de nivel bajo de actividad de estas organizaciones, pero sostenida en el tiempo. Cada año hay bastantes incidentes, armas requisadas, coches bomba, tiroteos, ataques de estilo paramilitar… La actividad ha seguido y no es algo nuevo. Es parte de la campaña que continua activa. La gente no es consciente de que hay una cuarentena de miembros en las cárceles por pertenecer a estos grupos disidentes”, recalca.

Sobre la posibilidad de un resurgir de la violencia con el Brexit o si hay una frontera dura en la Isla Esmeralda –uno de los puntos que ha hecho encallar el acuerdo de Reino Unido y la Unión Europea para ejecutar la salida del bloque comunitario– opina que las actividades de los grupos no están relacionadas con ello, pero sí podrían convertir la zona de la frontera en uno de sus objetivos. “Algunas personas se han empeñado en vincular esto con el Brexit o el bloqueo político en Irlanda del Norte, pero no es una respuesta al Brexit o a la situación de Stormont -el Parlamento norirlandés-, siempre ha estado ahí”, afirma.

No obstante, reconoce que el Brexit “es una oportunidad para estas organizaciones”. “En 2017 vimos como el líder de Saoradh, Davy Jordan, afirmó que esperaba ‘un Brexit tan duro como el infierno’ porque las generaciones más jóvenes no recuerdan lo que es una frontera física y reconoció que podrían explotar ese escenario. Para los grupos disidentes el Brexit es una oportunidad. Peig King, líder del Republican Sinn Féin, brazo político del Continuity IRA, dijo que era ‘la oportunidad más grande que han tenido desde 1916’”, resalta Marisa. McGlinchey duda de que haya una frontera dura y que no haya acuerdo, pero si se diera ese escenario la región de la frontera sería “de forma indudable un objetivo para la escalada de la actividad armada”.

Aun así, pone de relieve que no hay unidad en la disidencia. “Cuando la gente habla de disidencia republicana se pone el foco se pone en la violencia, pero la disidencia al final lo que quiere conseguir es la reunificación de Irlanda y no acepta la situación actual. Pero los disidentes están bastante divididos a la práctica sobre cómo lograrlo. Hay algunos que no rechazan la violencia y otros que sí y eso también les fragmenta”, concluye.

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