La tormenta Mary Lou: “Nuestro día ha llegado”

MARY-LOU

Conocí a Mary Lou McDonald en la Rotunda de Dublín en el acto de presentación de la campaña presidencial de Martin McGuinness en octubre de 2011. Me sorprendió su amabilidad y el hecho de que hablara muy bien castellano. Entonces ya era vicepresidenta del Sinn Féin y en este blog ya habíamos adelantado que ella estaba llamada a encarnar la renovación del Sinn Féin, en el marco de un proceso de rejuvenecimiento y feminización del partido, en el que se trasladase definitivamente el peso de la organización del Norte al Sur. Estos días toda la prensa internacional está volviendo la mirada hacia Irlanda y, en concreto, hacia la líder del partido que ha provocado este terremoto del mapa político. Algunos la llaman la tormenta Mary Lou (comparándola con la tormenta Ciara que atravesó la isla esmeralda durante los últimos días de la campaña electoral), otros glosan su figura y su trayectoria. Algunos relacionan su éxito con la firmeza de la primera ministra escocesa Nicola Sturgeon en la defensa del referéndum de independencia, considerando al Brexit como la principal causa del final del Reino Unido como estado plurinacional. Hoy me hago eco de este artículo de Rafael Ramos en La Vanguardia, que me parece una buena aproximación al perfil de la líder del Sinn Féin.

Mary Lou McDonald, la Nicola Sturgeon irlandesa

Rafael Ramos. La Vanguardia, 15/02/2020

Es descrita –por socios, rivales, amigos y enemigos– como extraordinariamente inteligente, magnífica comunicadora, llena de confianza en sí misma, apasionada de lo que cree, con sentido del humor, flexible cuando es lo que se impone y dura como el acero cuando hace falta. No, no se trata de Nicola Sturgeon, la primera ministra y líder del SNP escocés, a la que también se aplican casi todas esas cualidades. Se trata de Mary Lou McDonald, la dirigente del Sinn Féin y líder nacionalista irlandesa.

McDonald ha cambiado de un plumazo El viejo eslogan del IRA tiocfaidh ár lá, que se traduce como “llegará nuestra hora” [en realidad la traducción correcta es “nuestro día llegará”], por el de “nuestra hora ha llegado”. Su victoria en las elecciones de la República de Irlanda –en las que ganó la mayoría del voto popular y se quedó a un solo escaño del Fianna Fáil (partido tradicional del poder) a pesar de presentar la mitad de candidatos– ha constituido un terremoto político y acabado con el duopolio de los partidos nacidos de la guerra civil.

La estrella de la política de la isla esmeralda no renuncia al pasado violento del IRA (del que el Sinn Féin fue el brazo político), pero la sitúa en el contexto del colonialismo inglés y de la represión y las barbaridades cometidas por el ejército y el Estado británicos. Dublinesa de cincuenta años, madre de dos hijos adolescentes, estudió en el prestigioso Trinity College –irónicamente un antiguo bastión del protestantismo–, y su interés por la política la llevó inicialmente a los brazos del Fianna Fáil (que tanto es definido como de centro o centro derecha) , que apoyaban sus padres.

El fervor con el que hablaba de la reunificación de la isla y de las desigualdades sociales hizo que una compañera y amiga le dijera que estaba en el partido equivocado, y ella se lo pensó, y reconoció que era cierto. Se apuntó al Sinn Féin una vez firmados los acuerdos del Viernes Santo, cuando el grupo había renunciado a la violencia, y Gerry Adams en persona se convirtió en su padrino y la vio como su sucesora. Primero fue elegida (2004) diputada en el Parlamento europeo, luego vicepresidenta de la formación nacionalista (2009), más tarde representante por Dublín Central (2011), y finalmente líder (2018).

Mientras Adams y McGuinness, los líderes históricos del Sinn Féin, procedían del Ulster y tenían el inconfundible acento del Norte, Mary Lou es una dublinesa de pura cepa, que habla como los dublineses, creció en el barrio de clase media de Rathgar, se educó en el colegio católico de Nuestra Señora de las Misiones, estudió a Sylvia Plath y los poetas metafísicos en el Trinity, adora a TS Eliot y WB Yeats, prefiere el gin and tonic antes que la Guinness, y a Mandela (considerado por Margaret Thatcher como un terrorista) antes que a Gandhi.

Conecta especialmente bien con las mujeres de todas las edades, por la manera en que pone en su sitio y canta las cuarenta si es necesario a los líderes de los dos principales partidos, el taoiseach Leo Varadkar del conservador Fine Gael (cuya continuidad corre serio peligro tras quedar tercero en las elecciones, todo depende de los pactos que se hagan) y Michael Martin del Fianna Fáil. Su oratoria es magnífica, y sus rivales la temen en los debates de radio y televisión, de los que casi siempre resulta ganadora con su cóctel de pasión y sentido común.

Los votantes de la República de Irlanda han contemplado durante mucho tiempo con recelo la reunificación de la isla como un proyecto económicamente costoso, que les obligaría a subvencionar al Ulster (más pobre) como la Alemania Occidental hizo con la Alemania del Este. Y al IRA y al Sinn Féin –que vino al mundo con el levantamiento de Pascua de 1916– como unas bombas radioactivas, parias, buscapleitos y patrocinadores del terrorismo, que perturbaban la paz y la normalidad en la que deseaban vivir. Pero así como Adams y McGuiness alimentaban ese rechazo, Mary Lou McDonald no lo hace, es una de ellos. Durante la campaña no se la ha visto lanzando soflamas republicanas, sino comprando gambas y cereales en el supermercado con un carrito de la compra. El Brexit y la elección del ultranacionalista inglés Boris Johnson como primer ministro en Londres han hecho además que un número creciente de norirlandeses vea a la Unión Europea (con la que el Ulster está alineada en cuestión de tarifas y aranceles) como un mejor aliado económico y político que Gran Bretaña.

Pero la clave más importante del éxito revolucionario de la líder del Sinn Féin ha sido su énfasis en el problema de la vivienda (los precios de la propiedad están al nivel de Nueva York), de la medicina pública (una de las más caras de la UE, y aun así con larguísimas listas de espera) y de la gente sin hogar. Propone un incremento de los impuestos a los más ricos y las grandes corporaciones que se benefician del régimen fiscal de la isla para congelar durante cinco años el coste de los alquileres y construir cien mil pisos.

El único punto débil que algunos ven en McDonald es la dificultad para controlar a todas las ramas del partido, en especial a las más radicales. Para ella, la guerra ha terminado, venera a figuras como Bobby Sands (que murió en una huelga de hambre en 1981) y a todos los nacionalistas que fueron víctimas de la opresión y la violencia inglesas, pero uno no puede ser esclavo del pasado. No dice que “nuestro día llegará”, dice que ya ha llegado.

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