‘Vivarium’, el thriller distópico inmobiliario que se estrena en pleno confinamiento

La nueva plataforma de A contracorriente se estrena con una distopía de confinamiento titulada Vivarium. El director irlandés Lorcan Finnegan, en esta noticia en La Vanguardia, da las claves de su evocadora película sobre una pareja atrapada en una urbanización, cinta inspirada en la burbuja inmobiliaria y cuyo estreno en plena pandemia es casual aunque no lo parezca.

La nueva plataforma de A contracorriente se estrena con una distopía de confinamiento

Fernando García. La Vanguardia, 3/04/2020 | El director irlandés Lorcan Finnegan y el coguionista Garret Shanley no podían imaginar que el estreno de su distopía sobre el confinamiento de una pareja atrapada en una urbanización en bucle iba a coincidir con el encierro de miles de millones de personas por una pandemia. Se trata de Vivarium, protagonizada por Jesse Eisenberg e Imogen Poots, quien recibió el premio a la mejor actriz en el último festival de Sitges.

VIvariumEl filme iba a llegar a los cines el 3 de abril, pero a raíz del coronavirus se ha desviado al sistema online y podrá verse a partir del día 8 en la flamante “sala virtual de cine” creada por la distribuidora A contracorriente para dar salida a sus estrenos: una nueva herramienta a la que ya se han adherido 70 exhibidores igualmente deseosos de reconducir los filmes que iban a proyectarse en sus cines cuando estalló la epidemia. La cinta de Finnegan también estará disponible a partir del 8 en las plataformas MoviStar+, Vodafone y Rakuten.tv.

La idea del largometraje partió de lo ocurrido durante la crisis inmobiliaria en Irlanda. Allí, miles de familias se vieron atrapadas por la compra a crédito –casi siempre por el 100% de la hipoteca– de casas a menudo situadas en urbanizaciones donde a la hora de la verdad sólo iban a vivir unos poco compradores.

El director se inspiró en la burbuja inmobiliaria de Irlanda, donde “una familia podía encontrarse sola dentro de una urbanización edificada en medio de ningún sitio”

“A veces, una o dos familias se encontraban solas dentro de complejos de cientos de viviendas construidas en medio de ningún sitio”, recuerda Finnegan en entrevista telefónica con La Vanguardia. Al estallar la burbuja y desatarse la crisis, a gran parte de aquellos compradores les resultó imposible pagar el préstamo. “Las urbanizaciones se convirtieron en lugares peligrosos, y las casas se destruyeron… Y luego se volvió a construir a tope”.

De aquella crisis “no aprendimos mucho”, afirma el realizador. “Hemos vuelto a donde estábamos”: lo mismo que les ocurre una y otra vez a los personajes de Vivarium cuando tratan de salir de la urbanización donde un extraño agente inmobiliario (Jonathan Aris) les ha enseñado uno de los chalés y, de pronto, se ha esfumado.

Gemma (Imogen Poots) y Tom (Jesse Eisenberg) se ven atrapados entonces en esa pequeña ciudad donde todas las casas y los jardines son iguales y hasta las nubes tienen el mismo tamaño son casi idénticas.

En clave de thriller distópico, con sus dosis de suspense y sus ingredientes de cine de terror, Vivarium funciona como metáfora de algunos de los males que nos aquejan en la era postindustrial; prácticamente desde los años 50, época a la que nos remiten algunos aspectos ambientales del filme. El materialismo, el aislamiento de la comunidad o la vida estandarizada aparecen fuertemente subrayados.

La inquietante atmósfera del largometraje, lograda a base de colores monótonos y una luz artificial en paisajes como los pintados por Magritte, funciona como un personaje más. Es un ambiente que lo mismo le deja a uno clavado en la butaca que –como a los protagonistas– le agobia y le dan ganas de salir corriendo.

Finnegan cree que, en contra de lo ocurrido con la crisis del 2008, la pandemia nos cambiará y hará mejores

Aunque no convenga adelantar detalles del filme, el propio director señala unos cuantos aspectos de la cinta que recuerdan hasta el dolor lo que estamos viviendo ahora. “Sí, hay paralelismos que se hacen raros”, dice, y enumera: “Las cajas que llegan a diario a la casa de Gemma y Tom, los padres encallados en el hogar con un niño que les vuelve locos, el marido que emprende un proyecto de jardinería…”. Sólo que en Vivarium todo adquiere un tinte muy surrealista desde los primeros planos; más surrealista que la realidad del momento, que ya es decir.

Finnegan confía en que la pandemia nos haga recapacitar algo más que el desastre económico iniciado en el 2008. “Espero que después de esto recuperemos el sentido de comunidad; que nos unamos y seamos menos codiciosos”. No sería poco.

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