Este 5 de mayo, una jornada electoral para la Historia de Irlanda

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Cuando, hace cien años, los dirigentes del Imperio británico decidieron desgajar seis de los nueve condados del Ulster para crear el miniestado de Irlanda del Norte, leal a la Corona y de hegemonía protestante, nunca imaginaron que llegaría un día como el próximo 5 de mayo. Pero, parafraseando el lema de Bobby Sands Tiocfaidh ár lá (nuestro día llegará), ese día ha llegado: todas las encuestas apuntan a una histórica victoria del Sinn Féin, el partido republicano, que representa a la comunidad nacionalista/católica y que trabaja para recuperar la unidad irlandesa.

Si cinco años atrás, el SF logró equipararse con el Partido Democrático Unionista (DUP), que apenas le superó por dos décimas y un escaño, ahora el partido republicano de izquierda que lidera Michelle O’Neill [en la imagen con el lema electoral Time for real change (es el momento del auténtico cambio)] puede adelantar hasta por siete puntos al principal partido unionista, muy desgastado por las consecuencias del Brexit.

Los más recientes estudios demoscópicos coinciden en que Sinn Féin mantendría su nivel de voto (entre el 26 y 27%, cerca del 27,9% de 2017), mientras que el DUP se desplomaría del 28,1% de hace cinco años al 19 o 20%. Otra novedad relevante es que el Partido de la Alianza, de carácter intercomunitario, le está disputando el tercer puesto al histórico Partido Unionista del Ulster (UUP); ambos andarían por el 14%, subiendo un punto los unionistas y ¡cinco puntos! los aliancistas. El damnificado de esta lucha por el bronce es el Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP), nacionalista moderado, que podría perder dos puntos y quedarse en el 10%. Mientras, el principal beneficiario de la crisis del DUP es el ultraunionista Traditional Unionist Voice (TUV), que podría pasar del 2,6% de hace cinco años hasta un 9%. Finalmente, subirían unas décimas dos partidos minoritarios que se definen como intercomunitarios, tanto el Partido Verde como el izquierdista People Before Profit; mientras que la escisión del SF contraria al aborto, Aontu, no despega y podría desaparecer definitivamente.

Llama la atención que el SF no está centrando su campaña en aspectos constitucionales (como el referéndum de unidad, que por otra parte todo el mundo conoce), sino en cuestiones sociales y económicas (el alza del coste de la vida, la subida del precio de la energía…). Puede sorprender que el programa de los republicanos incluya medidas tan concretas como reducir el coste de los uniformes escolares o congelar las tarifas del transporte público, que sin duda serán bien recibidas por las familias trabajadoras, sea cual sea su fe o su identidad comunitaria. El SF habría entendido que, para persuadir a los norirlandeses de las ventajas de cambiar de estatus constitucional, debe incidir en las mejoras que notarán en sus vidas.

Veinticinco años después del Acuerdo de Viernes Santo, una nueva generación reclama su sitio en el escenario. Pensemos que quienes pudieron votar en aquel referéndum que consagró el proceso de paz norirlandés hoy tienen más de 42 años. Esta nueva generación que no conoció los Troubles no entendería un debate político lastrado por conceptos de los años ochenta o noventa. Probablemente por eso los sondeos apuntan al crecimiento de los partidos que rehúyen las etiquetas sectarias de unionistas o nacionalistas, como la Alianza, el Verde o PBP. Un crecimiento que, de consolidarse en la próxima década, podría alterar las reglas institucionales del Norte de Irlanda.

Recordemos que la fuerza más votada encabezará el gobierno de poder compartido, ocupando la fuerza más votada de la otra comunidad el cargo de viceprimer ministro. Así ha sido hasta ahora, con dirigentes unionistas que se sucedieron como primeros ministros y dirigentes nacionalistas como números 2: David Trimble (UUP) y Seamus Mallon (SDLP); Ian Paisley, Peter Robinson y Arlene Foster (DUP) y Martin McGuinness y Michelle O’Neill (SF). De confirmarse la victoria del SF, su líder Michelle O’Neill aspirará legítimamente al despacho de primer ministro, pero ¿cómo reaccionará el unionismo? ¿Aceptará el DUP compartir el poder con el SF desde un escalón inferior? No parece en absoluto probable que el DUP presente un candidato para vicepresidir un gobierno liderado por quien aún es considerado por las bases unionistas como el antiguo brazo político del IRA. Entonces, sin gobierno compartido, volverá a ponerse en riesgo toda la arquitectura del proceso de paz. ¿Cómo podrán salir los norirlandeses del laberinto?

Los sucesivos escándalos de corrupción del DUP, el apoyo unionista al Brexit (rechazado por la mayoría de la sociedad norirlandesa en referéndum), el polémico Protocolo pactado por Londres y Bruselas que instala la frontera aduanera en el mar entre Irlanda y Gran Bretaña… Estos hechos han ido desgastando la credibilidad del DUP entre su electorado. Jeffrey Donaldson, que sustituyó a la exprimera ministra Arlene Foster al frente del partido por la crisis del Protocolo aduanero, respondió inicialmente con una estrategia extremista para detener la pérdida de votos en favor del TUV, pero ahora que se acercan las urnas, según señalan algunos analistas, volver a meter el genio en la lámpara les está resultando imposible.

En ese escenario la más que probable victoria del SF el 5 de mayo y el rechazo del DUP a compartir el poder va a abocar las instituciones norirlandesas al colapso, una vez más. Volverá a ponerse entonces bajo el foco la revisión de la estructura constitucional norirlandesa, que algunos consideran poco democrática y que perpetúa la división sectaria. La propia actitud del DUP obligará a cuestionar las instituciones emanadas del Acuerdo de Viernes Santo. Pero ya no estamos en 1998. Una nueva generación, no marcada por las divisiones de la guerra, exigirá ser escuchada. Además, la antaño hegemonía demográfica de los protestantes ha venido desapareciendo en los últimos años, ante el constante crecimiento de la población católica y la disparidad de identidades nacionales que ha roto el bipartidismo de hace un siglo. Y la fuerza que va a resultar más votada en las urnas reclama un referéndum de unidad irlandesa. ¿Asistimos al principio del fin?

No corramos tanto. En todo caso, el próximo jueves será un día histórico en el Norte de Irlanda.

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