Escudo de la histórica provincia del UlsterHablábamos en una entrada anterior de la participación de protestantes y católicos, juntos durante siglos, en la lucha por la libertad de Irlanda. Otra cuestión bien distinta es el papel desempeñado por la comunidad protestante implantada en el Ulster, que va a hacer frente al nacionalismo irlandés hasta nuestros días. Para comprender el presente debemos retroceder cuatro siglos. Dentro de la política de dominio inglés sobre Irlanda, en los albores del siglo XVII, una vez derrotado el último jefe gaélico, O’Neill, que resistía en el Ulster, la Corona inglesa inicia la colonización de esta provincia, la más septentrional de las cuatro en que históricamente se divide la isla, con el asentamiento (Plantation) de colonos ingleses y escoceses, de religión protestante, con el objetivo político de garantizar el control inglés sobre la parte entonces más gaélica de la isla. La expulsión de los nativos irlandeses de sus tierras para repartirlas entre los colonos leales a la Corona inglesa sembró en esta parte de Irlanda las semillas del conflicto que todavía hoy se intenta resolver.

Luego vendría Oliver Cromwell, como gobernador de Irlanda, a sofocar una rebelión en 1649. Emprendió entonces una violenta campaña que hoy llamaríamos de limpieza étnica, desplazando por la fuerza a la población original irlandesa, destruyendo iglesias y monasterios católicos y arrinconando la cultura gaélica en los extremos más inhóspitos de fachada occidental de la isla (la Gaeltacht, de la que hablaremos otro día). La destrucción, las masacres provocadas por el ejército cromwelliano, más las epidemias y el hambre resultantes, diezmaron en una década la población de origen céltico.

En la actualidad, esta comunidad protestante, heredera de las Plantaciones del siglo XVII, ha convertido el Ulster en su feudo, acostumbrada a leyes que le han garantizado la hegemonía y que han discriminado a la población original, católica: desde las Leyes Penales de 1695 que privaban a los católicos de los derechos al culto, a la educación, a la propiedad de la tierra y de animales y al desempeño de cargos públicos, hasta la legislación discriminatoria del Parlamento de Stormont que ha permitido configurar un miniestado unionista durante la mayor parte del siglo XX. La defensa de su situación privilegiada condujo a los unionistas a rechazar cualquier intento de modificar ese status quo. Los unionistas del Ulster se convirtieron en el principal enemigo del nacionalismo irlandés que se desarrollaba de forma imparable a lo largo del siglo XIX y, sobre todo, tras el frustrado alzamiento de Pascua de 1916.

Así, mientras protestantes angloirlandeses participaban del movimiento nacionalista irlandés, como el escritor William Butler Yeats recuperando y promocionando la cultura gaélica y la lengua irlandesa, o como Wolfe Tone, Emmet, O’Brien o la Condesa Markievicz encabezando sublevaciones como las ya citadas anteriormente de 1798, 1803, 1848 ó 1916, los protestantes del Ulster presentaban un comportamiento absolutamente diferente. ¿Por qué? Porque su identidad nacional no era irlandesa, sino profundamente británica.

De hecho, actualmente en Irlanda del Norte los analistas políticos rehuyen hablar de protestantes y católicos como actores del conflicto, prefiriendo utilizar expresiones como ‘comunidad unionista’ y ‘comunidad nacionalista’. Es la ideología política la que les conduce al enfrentamiento, no la fe. Sin embargo, tampoco podemos ignorar que los partidos unionistas sí que emplean la cuestión religiosa como fundamento de su opción política (y lo hacen en exceso). Sin ir más lejos, el líder del principal partido unionista, el DUP (Partido Demócrata Unionista), es el reverendo Ian Paisley, fundador también de una iglesia protestante (la Iglesia Libre Presbiteriana del Ulster) y famoso por su integrismo político y religioso (llegó a decir que el Papa Juan Pablo II era el Anticristo). Discursos como el de Paisley alientan la violencia sectaria y racista.