El cine ha reconstruido la sublevación de Pascua de 1916. El Michael Collins de Neil Jordan (1996) arranca precisamente con las imágenes de este acontecimiento histórico. Son casi seis minutos trepidentes, que nos muestran: el asedio británico, con el respaldo de la artillería, a la Oficina Central de Correos (en la calle O’Connell de Dublín), que había sido tomada por los rebeldes irlandeses; la rendición de los sublevados; la identificación de los cabecillas (los firmantes de la Proclamación de la República irlandesa: Patrick Pearse, Thomas Mac Donagh, Thomas J. Clarke, Eamonn Ceannt, Sean Mac Diarmada, Joseph Plunkett y, tendido en el suelo sobre una camilla improvisada, herido en combate, James Connolly); el fusilamiento de éstos en la prisión de Kilmainham (para mayor dramatismo, con Connolly atado a una silla); y la asunción del liderazgo del movimiento republicano por Eamonn de Valera, otro dirigente detenido al que conmutan la pena de muerte por poseer ciudadanía estadounidense. La película va a narrar una nueva etapa en la lucha por la independencia de Irlanda en la que los rebeldes, dirigidos principalmente por De Valera y Michael Collins (interpretados en la película por Alan Rickman y Liam Neeson), desarrollan una estrategia basada en la guerra de guerrillas y el asesinato selectivo de militares británicos y funcionarios del Castillo de Dublín (sede del poder de la Corona inglesa en la isla) hasta forzar un acuerdo de paz, pero eso ya será otra historia.

Aquí tenéis, en su versión original en inglés, el inicio de Michael Collins, casi como si fuera un documental: